4/9/17

“La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canella”, de José Carlos Mariátegui — La aventura literaria de un marxista heterodoxo

Enric Llopis

Sosias es, además del personaje de una comedia –“Anfitrión”, de Plauto- una persona de tal parecido con otra que puede llamar a la confusión. Tal vez constituya también la clave de la única novela publicada por el pensador y escritor marxista José Carlos Mariátegui (1894-1930), “La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canella”. De este relato corto (menos de un centenar de páginas) se ha escrito que representa la búsqueda de identidad -después de una guerra- por parte de un personaje sin memoria. El “Amauta” –“maestro”, en quechua, tal como se le conoció a Mariátegui- publicó en vida sólo dos libros: “La escena contemporánea” (1925) y “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” (1928). Sus textos completos se publicaron de manera póstuma en varios volúmenes; El gran público tuvo acceso entonces a “El artista y la época”, “Defensa del marxismo” o “Signos y obras”, entre otros ensayos del ideólogo marxista, uno de los fundadores del comunismo latinoamericano.

El profesor Giulio Canella fue, en la novela de Mariátegui, un profesor de enseñanza secundaria, bondadoso y severo, respetuoso de la ley y del orden, también humanista y a quien podría adscribirse a la escuela de Jose Carducci: un poeta clásico y de tono anticlerical. A los 30 años Canella contrajo matrimonio con una sobrina de nacionalidad brasileña, de modo que su espíritu neoclásico sufrió una “crisis romántica”; la boda en Verona –ironiza el escritor peruano- llegó a alterar un punto sus reflexiones y tareas cotidianas, fieles a la herencia grecolatina.

La novela relata los doce años en que Giulio Canella tuvo una segunda existencia, la del tipógrafo Mario Brunelli, sosias del profesor. Los dos aprecian las humanidades, a Carducci y sienten rechazo tanto por el decadente D’Annunzio como por el futurista Marinetti; tenían aproximadamente la misma edad, ambos se habían casado en primavera y eran de similar fisonomía. Pero también tenían diferencias políticas. Con un liberalismo “iluminista” como punto de partida, Brunelli asumió un marxismo “algo ecléctico”, con frases elocuentes del socialista Jaurés leídas en el periódico “L’Humanité” y algunos conceptos traducidos de Marx. A partir del trastrueque de identidades, de la evolución del personaje y su doble, Mariátegui elabora la narración.

En 1920 el pensador y político peruano se desplazó a Italia, donde siguió las huelgas de Turín y los procesos “consejistas” que recorrían las fábricas. Entre julio y octubre también viajó por Milán y Venecia. Antes había fundado en Perú la revista “Nuestra época”, de orientación socialista, y el periódico “La Razón”. Los tres años de estancia en Italia, donde le alejó por sus posiciones críticas el presidente Augusto Leguía, permitieron a Mariátegui macerar su pensamiento. A ello se agrega su estancia en países como Alemania, Austria y Francia. “Desde Europa me concerté con algunos peruanos para la acción socialista; mis artículos de esa época señalan estas estaciones de mi orientación socialista”, escribió en una carta el 10 de enero de 1927 al escritor Enrique Espinoza, director de “La Revista Literaria” de Buenos Aires.

En la introducción de la edición de Dyskolo, el escritor e investigador Carlos Morales Falcón subraya que dos ciudades italianas –Verona y Turín- marcan el eje de “La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canella”, que el autor terminó de escribir en 1930. El argumento se inspira en un relevante caso judicial de la Italia de principios del siglo XX. Pero aquel conflicto, recogido por los periódicos de la época, no sólo fundamenta la trama de esta obra, sino también la de una novela anterior, “Siegfried et le Limousin” (1922), de Jean Giraudoux. Morales Falcón pone el acento en que Canella y Brunelli participen, sin conocerse, en un mismo regimiento durante la guerra de 1914. “En las trincheras verán confundidas sus identidades, debido a una explosión; sólo uno sobrevivirá sin memoria y, años después, será reclamado por los tribunales de la Italia fascista”, resume el investigador. Pone además el ejemplo de unas líneas de la novela, en las que Mariátegui revela el proceso indagatorio de Canella: “No perseguía sino su equilibrio moral y doméstico; era un escolástico que, caído en el error, se encamina de nuevo hacia la verdad”; y lo hace por los caminos tortuosos de la tentación.

Cuando Mariátegui retorna a Perú, sus convicciones marxistas se han solidificado y se muestra como un revolucionario ya entregado a la causa latinoamericana. Es entonces, cuenta en la carta a Enrique Espinoza publicada en 1930, cuando el marxista peruano elabora reportajes, artículos e imparte conferencias en la Federación de Estudiantes y la Universidad Popular sobre la coyuntura de Europa; Asimismo da inicio a la tarea de investigación sobre la realidad de Perú, desde una perspectiva marxista. Fundó la revista “Amauta” en 1926, de gran influencia continental y en circulación hasta 1930 (“Queremos desterrar de esta revista la retórica”, afirmaba el primer número). Antes de morir a los 35 años en Lima, el periodista y pensador organizó el Partido Socialista (1928), después convertido en el Partido Comunista Peruano; y fundó la Confederación General de Trabajadores del Perú, en 1929.

El Archivo José Carlos Mariátegui (en el Marxists Internet Archive, Sección en Español) reproduce diferentes comentarios de escritores sobre la novela editada por Dyskolo. Así, el poeta y narrador peruano Sebastián Salazar Bondy destacó en La Prensa de Lima (1955) el dominio del lenguaje que alcanza el autor, y que lo aproxima a su estilo personal: “cortante, directo y pleno”. Además Mariátegui “vuelve con éxito a la vocación literaria primigenia”. Pero Salazar Bondy, miembro de la denominada Generación de los 50, va un punto más allá en el análisis y recoge, en palabras del autor de la novela, su intención: “Decepcionar a los que no creen que yo pueda entender sino marxistamente, y en todo caso como una ilustración de la lucha de clases, ‘L’aprés midi d’un faune de Debussy o la Olimpia de Manet”.

El narrador y cuentista cubano Enrique Labrador Ruiz resaltó en Alerta de La Habana (1955) que con la obra sobre Canella y Brunelli, José Carlos Mariátegui priorizó la fantasía sobre su habitual mentalidad analítica. Asimismo se refiere a la citada misiva del marxista peruano a Enrique Espinoza, en la que dice que en el texto se mezclan realidad y ficción, cuento y crónica, en una novela corta que era un relato. Ello se pone de manifiesto ya en el título, “La novela y la vida”.
El escritor y ensayista argentino, Dardo Enrique Cúneo, subrayó en Mundo Argentino de Buenos Aires (1955) algunos rasgos biográficos del pensador marxista. Su universidad fueron las redacciones de los periódicos; de hecho, tenía a gala su condición de autodidacta (“tal vez antiuniversitario”, llegó a afirmar); En 1924 perdió una pierna y estuvo en un tris de perder la vida. En 1927 Mariátegui fue capturado y recluido en el Hospital Militar de San Bartolomé.

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Dardo Cúneo considera que la tesis de la novela es que ésta no tiene nada que envidiarle a la existencia; resalta además el estilo de novela policial, “a despecho de la burda popularización actual del género”; se trata, en resumen, de un relato corto con ingredientes de “travesura literaria”, pero que sin duda dejaría paso a un robusto pensamiento político. Con notables aportaciones, como la importancia de las masas indígenas en su rol de proletariado continental; o las sintetizadas por el sociólogo y filósofo marxista, Michael Löwy, en el artículo “Comunismo y religión: La mística revolucionaria de José Carlos Mariátegui”, publicado en la revista “Herramienta. Debate y crítica marxista”. Löwy pone de relieve la heterodoxia del comunista peruano, ya que ante el racionalismo y el ateísmo que se le presuponen al marxismo, Mariátegui se muestra más cercano a las corrientes románticas; a volver la mirada a los mitos y a los héroes: al “donquijotismo” de Unamuno, recuerda el sociólogo. Aquel que en tiempos de la Revolución de 1917 “insufló en la doctrina socialista un ánima guerrera y mística”.


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