26/10/16

Juan Carlos I. La biografía sin silencios — Rebeca Quintans

Salvador López Arnal

Muchas páginas, dirán. De acuerdo, tienen razón, pero el libro de Rebeca Quintans se lee muy bien en general. No hay apenas tentaciones de saltarse páginas o apartados. Consigue, desde el primer momento, atrapar al lector/a. Sin cuentos, sin trucos y de buenas maneras. El título, un pelín publicitario en mi opinión, responde a los objetivos de la autora y también a los resultados conseguidos, teniendo en cuenta, desde luego, que algunos aspectos de la biografía política e incluso familiar del que fuera Rey Borbón de España, permiten y exigen nuevos desarrollos. Como una historia interminable de servidumbres y horrores, en ocasiones casi inimaginable por mucho que hayamos agudizado nuestro espíritu crítico y republicano.

La tesis política central: ¡en qué manos hemos estado!, ¡qué gentes, qué familia(s) se encaramaron de nuevo a la cúspide del Estado!, ¡qué cómplices sumisos e interesados tuvieron de tan elogiada “sociedad civil”!, ¡qué tipo de individuos forman la parte sustantiva de las clases dirigentes y dominantes españolas! La seducción juancarlista, realmente existente, entre algunos sectores de la intelectual española de izquierdas (en el sentido amplio e impreciso del término), los sapos tragados, resultan ciertamente incomprensibles. Tiene toda la razón Quintans cuando pone la tilde donde hay que ponerla.

Puede comentarse críticamente que el lector/a informado y de cierta edad conoce en mayor o menor medida, con todos o algunos detalles, casi todos o la gran mayoría de los episodios narrados y analizados en el libro. Tal vez, no estoy seguro, no sé si todos-todos. Por ejemplo, la gran importancia (no sólo en sus últimos años) de las aristas económicas acumulativas en la trayectoria y actuaciones del ex Rey y de su entorno (oficial y personal), así como su enorme pulsión de poder y arrogancia contra extraños y, si cabe, contra los propios. Quintans, en todo caso, se esfuerza, consiguiéndolo, por estar a la última e intenta y consigue alumbrar paisajes o lados oscuros de episodios por todos conocidos y reflexionados. Por ejemplo, el papel de Juan Carlos I en el golpe del 23F. ¡Menuda manipulación a la que hemos estado y seguimos estando sometidos! ¡Casi todo el edificio por ellos construidos se caería con algo más de luz generalizada! ¿Lo sabemos ya? De acuerdo pero se explica muy bien y documentadamente.

El libro alarga el estudio de la biografía del Rey impuesto por el dictador golpista a su heredero y a su entorno, incluyendo esposa, hermanas y cuñados, y traza puntuales apuntes sobre algunas ramas de la realeza europea. Para temblar como se imaginan, en la misma línea que su antecesor.

No es esta biografía al uso mercantil, uno de esos libros comerciales de encargo, con mucha publicidad detrás, de usar y tirar. No es tampoco, por supuesto, un libro académico de historia (no hay notas a pie de página por ejemplo, la autora da explicación de ello ante posibles críticas). Sí es, en todo caso, un libro documentado y al día que ha trabajado con los materiales hasta ahora accesibles y que tienen empuje republicano. Basta leer la dedicatoria para tomar nota.

No se trata aquí de hacer un listado de observaciones críticas (¡cómo pensar en una situación distinta, algo así así como un conjunto vacío de erratas, en un libro de casi 800 páginas sobre temas políticos de rabiosa actualidad!). Me limito a señalar algunos nudos de los que creo razonable dejar constancia:

1. La historia del libro: “El libro que presentamos a continuación es una actualización del que la editorial Ardi Beltza publicó en el año 2000 con el título Un rey golpe a golpe. Biografía no autorizada de Juan Carlos I, bajo el seudónimo Patricia Sverlo”. Realmente es una actualización (hasta, digamos, finales de 2015). Que un libro de estas características haya tenido que publicarse en 2000 con seudónimo dice muy poco, favorablemente, sobre la situación de la libertad de expresión en España. Marcuse habló hace ya varias décadas de la “tolerancia represiva”. Puede valer para el caso.

2. Hay algunas repeticiones intersecciones temáticas (e incluso de desarrollo) que acaso hubieran podido evitarse. No disminuyen el valor de lo aportado. Recuerdan al lector/a aristas importantes.

3. No hubiera estado de más incidir más en la figura de un protagonista de última hora, Miquel Roca, el defensor de la Infanta. Los lados turbulentos de su actuación, sus conexiones real-borbónicas, acaso salgan poco a poco a la luz.

4. La perspectiva política desde la que la autora piensa y escribe determinados apartados es muy próxima a las tesis de la izquierda radical vasca. Curiosamente, acaso por esta influencia, la autora apenas usa, o no usa de hecho, la palabra-concepto España. Habla, sistemáticamente, del Estado español (cosa distinta por supuesto).

5. En mi opinión, algunas referencias a la vida personal de algunos personajes de la realeza -incluyendo en ella, es evidente, al actual Rey de España y a su esposa- hubieran podido obviarse. No aportan nada y no deberían ni deben importarnos (aunque ciertamente es denunciable la hipocresía borbónica existente en determinados aspectos al presentarse como modelos referentes de familia unida y cristiana)

6. Quintans, en mi opinión, no siempre es justa con Izquierda Unida ni con Jorge Verstrynge. Es muy crítica de Podemos, por ejemplo, y lo es muy poco o nada con la izquierda nacionalista radical vasca. Con la misma perspectiva acrítica se aproxima en la mayoría de las ocasiones al proceso secesionista catalán. Son, en todo caso, asuntos marginales para nuestro tema.

7. Dos libros han alimentado la mirada de la autora sobre los años de la transición: Soberanos e intervenidos de Joan E. Garcés y La sombra de Franco en la transición de A. Grimaldos. Mejor ayuda imposible. También la autora ha acertado en esto.

8. La posición política final de Quintans queda expuesta así: “Después de hacer perdido el tren de la historia, la oportunidad de levar a cabo un cambio en el modelo de Estado aprovechando la caída de Juan Carlos, no está la cosa como para esperar tiempos de mayor libertad con el cambio. Los sectores políticos más reaccionarios parecen los más satisfechos con el relevo de Felipe VI, del que la derecha espera que sea su rey. Con su impunidad recién estrenada, los medios de información blindados en la defensa de su mayestática prestancia y una horda de vasallos reclamándose que salve a la patria de la amenaza secesionista catalana, la coyuntura no invita al optimismo” (p. 37).

No invita al optimismo ciego pero sí al esfuerzo de la voluntad. Con el pesimismo en la inteligencia y con el optimismo no cegado en la acción. Allí estamos y allí se estuvo en el momento de la abdicación, aunque mucho más esfuerzo colectivo hubiera sido necesario. Nunca como ahora en estos últimos cincuenta años esta obsoleta institución, tan nefasta en la historia de España, ha estado tan herida de muerte y abandono.
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