25/9/16

Seis opiniones sobre ‘Orientalismo’, de Edward Said

Juan Rodríguez

Hasta 1978 "orientalista" y "orientalismo" eran adjetivos si no neutros, al menos descriptivos de una especialidad académica: el "estudio de la cultura y las costumbres de los pueblos orientales", como dice el Diccionario de la Lengua Española. Pero ese año, el intelectual palestino Edward W. Said (1935-2003), un humanista conocido hasta entonces por sus trabajos como crítico y teórico literario, publicó su libro "Orientalismo", en el que denunció que había una conexión de esos estudios con el imperialismo británico y francés, y luego con el estadounidense.

El Oriente exótico, incivilizado, ingobernable, misterioso, incluso romántico, al que Europa debía llevar el progreso y hasta restaurar en su antigua grandeza, era una fabricación de los "conquistadores, administradores, académicos, viajeros, artistas, novelistas y poetas británicos y franceses". "Orientalismo" fue "una primera formulación sistemática de la crítica de Said a la máquina semiótica universitaria euroamericana", explica Sergio Villalobos-Ruminott, profesor de español y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Michigan, Estados Unidos. "En dicha crítica no solo se muestra la relación entre la producción universitaria de saberes sobre el 'otro' y el imperialismo, sino que se interroga a la literatura, a la lingüística, a la antropología y a las ciencias humanas en general, por su complicidad en la producción de una imagen estereotipada del Oriente". De ahí que Said eligiera como epígrafe de su estudio unas palabras de Marx referidas al campesinado francés: "No pueden representarse a sí mismos, deben ser representados". Palabras a las que se pueden agregar las de Napoleón cuando entró a Egipto: "Nosotros somos los verdaderos musulmanes".
Cervantes orientalista
Edward Said
La obra se reimprime en español por el sello Debate, en medio de los enredos de las potencias occidentales en Medio Oriente. Hoy "orientalista" y "orientalismo" tienen también un sentido peyorativo, sirven para tachar discursos sesgados, prejuiciosos, cuando no racistas. El libro de Said marcó un antes y un después en las humanidades, se lo considera precursor de los estudios poscoloniales, fue traducido y reeditado una y varias veces. Su autor, que ya era un activista pro Palestina, ganó notoriedad pública, fue un crítico de los acuerdos de Paz de Oslo y de la guerra contra el terrorismo, fundó junto con Daniel Barenboim la West-Eastern Divan Orchestra que reúne a músicos palestinos, árabes e israelíes; y en 2002 ganó el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Aunque repasa desde la antigua Grecia hasta el siglo XX, Said se centra en lo que llama orientalismo moderno. Es decir, el que -alimentado por el antiguo- comienza o sigue a la invasión napoleónica de Egipto, y se consolida con el imperialismo británico. Llama orientalistas no solo a los estudiosos, también a los creadores, particularmente a los escritores que nutrieron y se nutrieron de ese mundo imaginado. Así, entre unos y otros, pasan al banquillo, anote: Esquilo, Dante, los autores del "Cantar de Roldán" y del "Cantar de Mío Cid", Lutero, Shakespeare, Cervantes, Milton, Carlyle, Friedrich Schlegel, Constantin de Volney, Goethe, Chateaubriand, Silvestre de Sacy, Victor Hugo, Ernest Renan, Karl Marx, Edward William Lane, Flaubert, John Stuart Mill, Dickens, George Eliot, Joseph Conrad y F. Scott Fitzgerald..., entre otros.

Para Kamal Cumsille, filósofo y profesor del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile (CEA), el orientalismo es parte de cómo pensamos el mundo, especialmente cuando "Occidente ha devenido cada vez más planetario".
"Dada su dominación del mundo, lo que venimos recibiendo como educación durante los últimos siglos -la geografía, la cartografía, la 'historia universal', las ciencias y su historia- son las categorías con que el Occidente moderno ha construido sus representaciones del mundo y actuado en función de ellas. Le ha dado forma al mundo. Por otro lado, también dice Said que el orientalismo penetra incluso en las conciencias y los discursos de aquellos representados como 'orientales'".
Diego Rossello, profesor del Instituto de Ciencia Política UC, explica que
"Said expone y cuestiona estereotipos construidos por Occidente sobre las culturas 'orientales' durante los últimos 2.000 años, desde la visión de Homero sobre la supuestamente indescifrable cultura 'persa', hasta los clichés cinematográficos contemporáneos sobre el mundo musulmán". Logra "poner en cuestión la perspectiva colonial que los grandes imperios proyectan sobre 'Oriente' y cuyos efectos se revelan en una relación simplista, conflictiva e inestable con el otro estereotipado -la cuestión Palestina; las invasiones de Irak y Afganistán; la crisis en Siria; el supuesto choque de civilizaciones, entre otros-. De este modo, el árabe es caricaturizado como carente de cultura e historia (atrasado, tradicional); lascivo (el harén); flojo e improductivo (sentado sobre petróleo); cruel, sanguinario y despiadado (terrorista)".
"Basta de Said"
Said reconoce la influencia del filósofo francés Michel Foucault en su trabajo. Además, su mirada es deudora del filósofo marxista italiano Antonio Gramsci, según explica Bernardo Subercaseaux, estudioso de la cultura y profesor del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad de Chile (Cecla). "El poder simbólico de hacer creer algo sobre el mundo, y de utilizar un régimen de representaciones, implica un cierto control de la vida social y expresa, por lo tanto, lo que Gramsci llama hegemonía". La de Said "es una perspectiva vigente en los estudios culturales, antropológicos, literarios e incluso en la psicología social", y también ha impactado "en el estudio del nacionalismo, la identidad, el racismo o fenómenos como el eurocentrismo". La historiadora Claudia Zapata, directora del Cecla, agrega:
"Lo que hizo Said, siguiendo una tradición proveniente de los estudios culturales ingleses, fue comprender la cultura como un campo de batalla, en el que se libra de manera fundamental un conflicto que es finalmente colonial". Concluyó que existía "una distancia abismal" entre el conocimiento de Oriente y "la historia, la cultura y los territorios de los pueblos señalados como 'orientales'". "Para los estudios latinoamericanos y en mi caso particular, en los estudios indígenas, estas propuestas tienen total sentido, porque sustentan una lectura que comprende a los indígenas como pueblos colonizados y no solo como 'culturas distintas', que es el enfoque predominante aún"
Pero no todo es loa. Rossello dice que a Said se le ha criticado "el énfasis en el análisis de la alta cultura occidental y su limitada capacidad para rastrear la perspectiva colonial en productos culturales más bajos o populares. Otros han considerado que el trabajo de Said ha servido, paradójicamente, para sedimentar aún más a las identidades en conflicto (Occidente y Oriente)". Se han apuntado errores históricos y sesgos en las fuentes y citas; "y autores liberales lo han acusado de renunciar a los valores occidentales de universalismo, crítica y derechos humanos para rendirlos de manera políticamente correcta frente al altar del multiculturalismo".

En 2006, el historiador y académico británico Robert Irwing publicó su libro "For Lust of Knowing: The Orientalists and their Enemies". Allí califica a "Orientalismo" como "una obra de charlatanería maliciosa en la que es difícil distinguir las equivocaciones honestas de las tergiversaciones deliberadas". En una reseña del libro de Irwing titulada "Basta de Said", Martin Kramer -un académico estadounidense-israelí, especialista en Medio Oriente- dice que surgen dos verdades: primero, que los orientalistas del siglo XIX, "lejos de mistificar el islam, liberaron a Europa de mitos medievales sobre él, gracias a sus traducciones y estudios de los textos islámicos originales". Y, segundo, que la mayoría de ellos, "lejos de ser agentes del imperio, fueron hombres de libros y excéntricos estrafalarios. Cuando aventuraron opiniones en asuntos mundanos, usualmente fue para criticar el imperialismo occidental". Kramer -que dice que el libro es un "fraude"- recuerda que Said ya había sido cuestionado por orientalistas como Jacques Berque, Malcolm Kerr, Bernard Lewis y Maxine Rodinson. Incluso por Albert Hourani -un especialista "cercano a Said"-, quien dijo que "Orientalismo" había ido "demasiado lejos" y convertido "una disciplina perfectamente respetable" en una "mala palabra".

En otra reseña de "For Lust of Knowing", el diplomático y orientalista británico Oliver Miles dice que "Said se niega a reconocer que hay algo como una familia indoeuropea de lenguas y critica a un orientalista alemán que sostenía que el sánscrito, el persa, el griego y el alemán tenían más en común entre ellos que con las lenguas semitas u otros grupos de lenguas". Y destaca la siguiente conclusión de Irwing: "La cristiandad y Occidente pusieron poca atención a Oriente y el islam, tal como la civilización islámica puso poca atención a Occidente".

En dos columnas publicadas en 2008 en el periódico inglés The Guardian, el periodista y crítico de arte Jonathan Jones también se lanzó contra "Orientalismo". Según él, los
"europeos y estadounidenses del siglo XIX sabían más sobre la cultura del Medio Oriente que lo que sabemos ahora. Ellos leían 'Las mil y una noches' y soñaban con la Alhambra". Jones cree que el cuestionamiento que hizo Said de las visiones románticas de Oriente promovió la ignorancia: "Hoy Occidente no tiene curiosidad por la historia del islam, su arte, su gente y sus enseñanzas. Hay un muro en blanco de terror. Este muro ha sido fortificado por el libro de Said porque cerró un camino para el encuentro entre una y otra cultura: cerró el romanticismo".
Subercaseaux, en cambio, cree que la tesis de Said es difícil de contraargumentar, pues se sustenta en datos y discursos reales. Sí ha sido complementada o complejizada; por ejemplo, en el ámbito de los estudios literarios y culturales, por Benedict Anderson en su libro "Comunidades imaginadas" (1983), en el que se concibe "la nación como una comunidad política imaginada". Ricardo Marzuca, especialista en historia y pensamiento árabe y clásico y profesor del CEA, agrega a los historiadores que buscaron una nueva mirada sobre la historia de India, como Homi Bhabha y Gayatri Spivak. En este contexto, dice, 
"resulta vital la mirada" del experto en estudios iraníes y en literatura comparada Hamid Dabashi, autor de "Post-Orientalism: Knowledge and Power in Time of Terror (2008)", donde "enfatiza la necesidad de superar las dicotomías para imaginar nuevos sujetos humanos en nuevos espacios humanos, superando así incluso la crítica que había recibido Said por sus detractores".
El legado
De ahí que Marzuca diga que el aporte de "Orientalismo" no radica solo en el análisis del discurso occidental sobre Oriente, sino sobre todo en renovar las "aproximaciones epistemológicas" en las humanidades. Villalobos-Ruminott habla de un cierto "legado", a saber: "Esa orientación mundana, secular y antiafiliativa, capaz de revisar siempre la forma en que la inercia institucional captura el trabajo crítico". Además, permitió "el desarrollo de un tipo de crítica literaria oposicional, distinta al formalismo del New Criticism y de la reducción disciplinaria de la deconstrucción". Kamal Cumsille lo resume así: las principales tesis de "Orientalismo" se han convertido "en una especie de telón de fondo" para pensar los discursos culturalistas y sus efectos geopolíticos.
"Said es utilizado en los estudios latinoamericanos y caribeños, africanos, indígenas, en la teoría de la literatura, el pensamiento crítico en general. Por eso es que se sigue leyendo y discutiendo, a casi cuarenta años de su publicación, como si se hubiera publicado este año", dice Cumsille. Por eso, cuenta Villalobos-Ruminott, el trabajo de Said ha sido continuado por "intelectuales oposicionales", y en los últimos años "han aparecido al menos diez compilaciones dedicadas a su trabajo, además de más de una docena de estudios monográficos que intentan marcar su pertinencia y sus aportes".
Edward W. Said, un palestino educado como occidental, escribió: "Al estudiar el orientalismo he pretendido hacer el inventario de las huellas que ha dejado en mí la cultura cuya dominación ha sido un factor muy poderoso en la vida de todos los orientales". Se entiende, pues, según cuenta Marzuca, que Dabashi lo recordara así en 2013:
"Con la muerte de Edward Said, nosotros los intelectuales inmigrantes dejamos de ser inmigrantes y nos volvimos nativos de una nueva organicidad. Somos los logros de sus batallas. Él teorizó sobre su condición de estar 'fuera de lugar' de una manera tan puntillosa y precisa, que después de él nosotros ya no podemos estar fuera de lugar, sino que estamos como en casa, en el sitio donde colgamos el sombrero y le decimos no al poder".
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