2/7/16

El fuego y el relato — Giorgio Agamben

El libro se compone de 10 textos con una diversidad en sus temas: la narración y el misterio; la exégesis de pasajes bíblicos; la función de la parábola; la lectura; la creación; el nombrar en la poesía; el libro y las ediciones digitales; pero cuya urdimbre podría estar en la reflexión sobre el lenguaje y aquello que acontece en el nombrar; es decir, en las distintas maneras como el lenguaje se apodera de la creación 

Enrique Gallegos   /   Si se pudiera esbozar una rápida y superficial alineación del campo filosófico vigente que reflexiona sobre lo político y lo estético en los últimos tiempos, se podría imaginar en dos tensores, uno tradicional que sigue pensándolo en términos de una semántica convencional y aquellos que sostienen que ese lenguaje y esas instituciones sólo gestionan su propia agonía y tratan de reflexionarlo desde otras problemáticas y otras vertientes conceptuales.

Dentro de este último campo se encontraría el filósofo Giorgio Agamben (Roma, 1942), uno de los principales referentes para ese zócalo de pensamiento que abrió en los ’70 Michel Foucault (1926-1984) y que se ha constituido en todo una partitura de estudios especializados: la biopolítica y los estudios arqueológicos. En Italia fue, además, el editor del infortunado filósofo alemán Walter Benjamin (1892-1940), quien fuera ninguneado por los sectores más reaccionarios de la universidad. Estos dos datos ya de por sí indican las vertientes en las que el filósofo abreva para construir si propia obra desde los’70, pero, particularmente, en los ’90, con títulos emblemáticos para la reflexión filosófica, como la serie Homo sacer.

Giorgio Agamben ✆ Sébastien Plassard
Agamben también suele reflexionar sobre diversos problemas que giran alrededor de la literatura.

El fuego y el relato (2016) constituye un conjunto de breves textos cuya factura dispareja no hace honor al prestigio del filósofo. El libro se compone de diez textos con una diversidad en sus temas: la narración y el misterio; la exégesis de pasajes bíblicos; la función de la parábola; la lectura; la creación; el nombrar en la poesía; el libro y las ediciones digitales; pero cuya urdimbre podría estar en la reflexión sobre el lenguaje y aquello que acontece en el nombrar; es decir, en las distintas maneras como el lenguaje se apodera de la creación (sea la creación del poeta o la divina).

El libro está escrito en ese singular estilo que tan bien teorizó Walter Benjamin: no el pretencioso tratado y la pesada maquinaria de la tesis académica, sino lo fragmentario como operación básica de escritura. Cada texto, por más breve que sea, se constituye como la confirmación de que el fragmento es lo que da sentido al libro. Con excepción de dos textos, se trata de un libro de poca sustancia. Esos dos ensayos son “¿Qué es el acto de la creación?” y “Del libro a la pantalla. Antes y después del libro”.

El primero es un lúcido análisis de las fuerzas que operan en la creación; ésta es entendida no tanto como si fuera una potencia a desarrollar, sino como resistencia que opone. El segundo es un ensayo relacionado con los cambios materiales y las experimentaciones con el libro y la hoja, desde el viejo rollo y el libro tradicional hasta su paso al medio digital.

Bastante discutible que la diferencia entre el libro tradicional y el digital sea una simple obliteración de la materia. Es, más bien, otra forma de apropiación de ésta. Es otra modalidad del soporte y no su clausura. A su manera, lo digital relanza y aligera la materialidad del libro. Los demás textos parecen rellenos, tramitología para que el editor pueda gritar al mundo: he aquí un libro (se trata, se podrá inferir, de ajustar los pliegos y la mínima cantidad de páginas).

Hay un párrafo en el que Agamben les da una recomendación a los editores: “Pero ahora querría dar un consejo a los editores y a todos aquellos que se ocupan de los libros: dejad de mirar las infames, sí, infames clasificaciones de los libros más vendidos y […] más leídos y, en cambio, tratad de construir en vuestra mente una clasificación de libros que merecen ser leídos.”

Dos básicas sugerencias: no editar bajo el imperativo del mercado, sino en función de una exigencia, de una necesidad, de una justicia que impone el pensamiento y la imaginación. Justamente ese consejo no parece haber sido seguido por los editores de El fuego y el relato.

La tácita respuesta de los editores parecería obvia, pero no carece de interés tratándose de un pensador que se ha constituido desde la distancia crítica. Y es que un libro suyo es garantía de restitución de la inversión y el plusvalor. He ahí, pues, la paradoja: Agamben en “las infames clasificaciones” de libros editados justamente porque vende. Agamben contra Agamben.

Si como pensador de lo político, Agamben nos provoca y lanza constantemente a nuevas realidades, como crítico de la literatura sus opiniones siguen atrapadas en el siglo XIX. Si alguien quisiera topar con el mejor Agamben, apenas lo encontrará en este montículo de legajos.
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