11/3/16

Capitalismo canalla. Una historia personal del capitalismo a través de la literatura — César Rendueles

Ángelo Narváez   |   Dicen que Herman Melville, antes de escribir Moby Dick, encontró en las singularidades de Isla Mocha –a unos pocos kilómetros dentro del Pacífico frente a las costas de Tirúa– al cetáceo que inspiraría los obsesivos e insistentes “fracasos” del Capitán Ahab. Sin embargo, poca es la vergüenza que debiese pesar sobre los hombros de Ahab; cuentan que ni los más instruidos balleneros vascos atisbaron la posibilidad de asir los caprichos de la versión literaria de Mocha Dick. Pariente cercano del livyatan melvillei, pero lejano de las angustias de Hobbes, más de una vez se le vio junto a los trempülkawe, ociosos las menos de las veces, sin perder de vista incluso al último yagán. Herido y esquivo. Unos años antes de la publicación de Moby Dick, Melville escribió a Richard Henry Dane: “Me temo que va a ser un libro extraño”. ¿Podría haber sido de otra manera? A veces sucede en el sur. En 1975 Georges Perec publicó W o el recuerdo de la infancia, y entre biografía y ficción, situó la experiencia de la etnografía pura –para maravilla de Malinowski- en una isla sin argonautas, sin leviatanes: una pura competitividad deportiva en un presente insistente. 

En la Isla W, nos cuenta Perec, la vida –onírica y cotidiana– sólo existe la competencia, desprovista de historia, donde los hombres libres se enfrentan inexorablemente en el orden de establecer a los mejores y los peores. “[…] la organización básica de la vida deportiva en W tiene como finalidad única exacerbar la competencia, o, si se prefiere, exaltar la victoria […] Aquí «the struggle for life» es la ley; incluso la lucha en sí no es nada, no es el amor al deporte por el deporte, a la hazaña por la hazaña, lo que anima a los hombres W, sino la sed de victoria, de la victoria a cualquier precio.

No es difícil ver porqué César Rendueles elige W como punto de partida de su Historia personal del capitalismo a través de la literatura. W: idilio del capitalismo neoliberal. Allí donde el hombre es puro, donde la etnografía se embriaga de sí misma y Marx soltaba carcajadas ante las robinsonadas, la competencia constituye a los hombres. (¿Las mujeres? En W cumplen la misma función cupular que en la desposesión capitalista. En un orden geopolítico ficticio habría que profundizar en la genealogía familiar de la Mujer Maravilla en la Isla de Themyscira para elaborar algún atisbo de analogía, ¿no?)

Pronto sabrá Perec que W poco tenía de ficción cuando, paso a paso, Río Chico en Isla Dawson hiciese su entrada: “Los fascistas de Pinochet se han encargado de dotar a mi fantasma de un último eco”; y a través de ese mismo eco Perec ironiza con un mundo posible en el cual su nombre fuese Jorge Pérez; un mundo, claro, en el que «Jorge» sería uno de los “encerrados en un laberinto de crueldad y miseria / en el paralelo 53 sur de este mundo” como sentenciara Aristóteles España. A veces sucede en el sur.

César Rendueles
Rendueles identifica su posición en un paralelo 53 sur de cartografía, hoy, inapelablemente mundial. Con gracia hace desfilar a Oliver Twist y Mowgli –para rubor, de Kipling antes que Dickens– como ejercicio no tan ficticio del desarrollo histórico de un capitalismo (siempre canalla). La pretensión de Rendueles no decanta en hermenéutica, tampoco en historiografía, y bien lejos cae de los patios de la sociología. Se trata, más bien, de un conjunto de impresiones atiborradas de referencias aparentemente inconexas y discontinuas en las cuales, a modo de ensayo, se mezclan reflexiones pasajeras –pero no superficiales– sobre la incidencia del EZLN, el rock radical vasco, experiencias personales alucinatorias, el trabajo académico, uno que otro viaje, y la inevitable pretensión de comprender no tanto el comportamiento como la intensidad del capitalismo cotidiano en escenas diversas que comienzan en Gijón, y poco tardan en llegar al Río de La Plata y al Chaco paraguayo. A veces sucede en el sur.

Por supuesto, se trata de una historia personal a través de la literatura. Entonces allí están Coetzee, Dostoievski, Gorki, Novalis, Kerouac y Pasolini: acaso irrelevantes para las pretensiones de Rendueles. Excusas, o más bien pies forzados para dar paso a una improvisación: “Las críticas teóricas sofisticadas –induce Rendueles– nos explican con exactitud las estructuras reales que subyacen a la economía de casino y la cleptocracia son insustituibles. Pero resultan inútiles si no nos libramos, además, de esta siniestra docilidad que nos paraliza, si la posibilidad de la emancipación no se trasluce en nuestros gestos cotidianos […] y para ello es legítimo usar las experiencias ficticias como materia prima de la imaginación política desde la que proyectar el futuro que queremos”. Y claro, si el fascismo dio a W su último eco, ¿por qué no podrían nuevos gestos cotidianos dar un nuevo eco a nuestras no tan ficticias fantasías literarias? ¿Sucederá en el sur?

Capitalismo canalla representa hoy un esfuerzo imprescindible por sus gestos antes que por su contenido. Rendueles –académico, editor de Marx, Benjamin y Polanyi– enfrenta ante el público los límites de sus propias suposiciones: como gesto Capitalismo canalla puja paso a paso por evitar las trampas de los relatos para asumir una posición acaso algo más humilde: representar una experiencia del pulso del capitalismo antes que su diagnóstico clínico. Capitalismo canalla es una experiencia irrepetible; pero, en cuanto experiencia, urge como posibilidad de redacción de toda experiencia posible. Capitalismo canalla es un ejercicio de democratización de la literatura; por supuesto, no en el sentido de una ampliación (necesaria) de los espacios sociales y públicos en los cuales sea posible librar una relación radical en, con y a través de la creatividad literaria, sino en el sentido de un producción social desde nuestras propias intuiciones creativas: “Desde los inicios de la modernidad –concluye Rendueles–, la democracia ha consistido en la revuelta de la mayoría contra los vencedores del capitalismo global. La democracia es la expresión política de la intuición, fascinante y repleta de claroscuros, de que una vida mejor –más justa, libre y plena– sólo se puede dar entre iguales que descubren, transforman y comparten aquello que tienen en común”. ¿Democracia creativa literaria? A veces sucede en el sur.

PD. Lamentablemente, la democratización formal del acceso a la literatura constituye aún una tarea pendiente y urgente. Precios excesivos, y excesiva ausencia. Sin embargo, al menos es posible encontrar en formato digital (gratuito) el primer capítulo (35 pp.) de Capitalismo canalla en planetadelibros.com

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