30/6/15

Paul Ricoeur y la justicia – Lo Justo 2

Luis Roca Jusmet   |    Aunque Paul Ricoeur no sea uno de los pensadores mediáticos ni de culto como otros filósofos franceses de su generación, nos encontramos con uno de los filósofos más consistentes e interesantes del siglo XX. Nacido en 1918 no es hasta la segunda mitad del siglo XX cuando se empieza a conocer su pensamiento. Ricoeur fue un creyente cristiano, (protestante más en concreto) durante toda su vida, pero tiene la capacidad de diferenciar sus trabajos hermenéuticos de tipo bíblico del trabajo filosófico abierto y riguroso que le caracteriza. Formado inicialmente en la fenomenología y con simpatías hacia el personalismo cristiano de Mounier, desarrollará una línea de pensamiento propio que podemos situar en la línea de la hermenéutica, aunque sin despreciar otras corrientes de la época como la de la filosofía analítica, de la que extrajo algunos de los aspectos más aprovechables. Ricoeur inventó el término Maestros de la sospecha para referirse a Marx, Nietzsche y Freud; idea muy renovadora en su momento aunque después perdió su fuerza al convertirse en un tópico. Buen conocedor del psicoanálisis y participante activo de los seminarios de Jacques Lacan escribió un libro muy sugerente sobre la interpretación de la cultura de Freud.

El marxismo y la justicia social. La idea de igualdad en Ernesto Che Guevara – Fernando Lizarraga

 El Che, como siempre, llega sin avisar. A principios del año 2000, me entrevisté con Atilio Boron para pedirle que fuese mi director de estudios doctorales. Le comenté que mi propósito era ahondar en la relación entre Marx y Rawls, entre el marxismo y el igualitarismo liberal. Su entusiasmo fue inmediato, pero me hizo una advertencia fundamental. “Está bien -me dijo- pero todo esto parece colgado de las nubes; es un proyecto excesivamente formalista y tiene que bajar a tierra”. No me pedía que abandonara la teoría, sino que hallara un caso que permitiera cotejar las elaboraciones más formales. Y ahí apareció el Che. Porque sin ser un especialista en su obra, me eran familiares sus preocupaciones sobre la justicia social, los incentivos y la dimensión ética del marxismo. Intuí que si alguien se había encargado de reflexionar a fondo sobre el problema ese alguien tenía que ser el Che. Creo no haberme equivocado.

¿Cómo los Estados Unidos venden la Guerra? – Achin Vanaik

Libro descargable directamente y en forma gratuita en formato PDF

Actualmente, los Estados Unidos son, con mucho, la mayor potencia militar del mundo. ¿Quién podría dudar de ello? Nadie debería extrañarse tampoco de que sus elites dirigentes persigan mantener, extender y profundizar la dominación política estadounidense. Las principales líneas que dividen a dichas elites tienen que ver con el cómo llevar a cabo esta tarea. De hecho, los términos del discurso han cambiado tan drásticamente que el lenguaje del imperio y de su construcción puede considerarse respetable; una visión digna de ser escuchada en los medios de comunicación dominantes de los Estados Unidos. Incluso en Europa hay mayor predisposición que en décadas pasadas a hablar de la “bondad del imperio” o de los Estados Unidos como una potencia imperial “benévola”; y de cómo la expansión de este imperio se puede entender como el requisito necesario para la “expansión de la libertad”.

Not@s editoriales

Karl Marx & Friedrich Engels: Prólogos a varias ediciones del Manifiesto del Partido Comunista Flacso
'Das Kapital' fully digitized — Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam
Karl Marx: Prólogo a la primera edición alemana de El Capital — El Viejo Topo
Manuel Sacristán: Prólogo de la edición catalana de El Capital — Rebelión
Jaime Ortega Reyna: Marx y Freud en América Latina — AcademiaEdu
Andrea Baldazzini: Note su “Il Mediterraneo” di Fernand Braudel — Pandora
Las ediciones de la obra de Gramsci — Mundo Untref
Reyes Mate: Correspondencia entre Theodor Adorno & Gershom Scholem: razón y mística — ABC
Reseña crítica de 'The Limehouse Golem': caza al asesino, la búsqueda de un psicópata en el Londres de finales del siglo XIX — El Mundo