4/10/15

Iguala-Ayotzinapa y el nuevo despertar antisistémico – Miguel Ángel Adame Cerón

Luis Eduardo Sánchez Toscano   |   Los padres, familiares y estudiantes de la escuela Rafael Isidro Burgos de Ayotzinapa han sido y son los protagonistas de este despertar al que Miguel alude, han mostrado y demostrado las experiencias y aprendizajes de este largo peregrinaje desde los terribles y oprobiosos acontecimientos en Iguala la noche y madrugada del 26 y 27 de Septiembre de 2014 hasta hoy, hace justamente un año. Año que -por cierto- se cumple en medio de naturales protestas y encendidos ánimos en los que no ceja el reclamo de justicia aunado a la exigencia de presentación con vida de nuestros hermanos normalistas. ¡Vivos los Queremos! Es el grito que se expande desde Ayotzinapa al mundo y que en su resonancia ha ido rearticulando, podríamos decir rezurciendo, las redes de las diferentes resistencias que desde diversos frentes han sentido antes la garra del Estado con la misma brutalidad con la que se dejó sentir en Iguala, y que por ello mismo son capaces de sentir este dolor como propio.

¡Vivos los queremos! Es el grito que también convoca a miles de conciencias solidarias y sacude a otras tantas miles que quizá por un freudiano mecanismo defensivo se refugian en la apatía o la resignación y pretenden negar la realidad decadente que sin embargo no deja de lastimarnos cada día, cada hora y en cualquier parte de nuestra vejada nación –si aún cabe la palabra- golpeando con más sadismo las vidas y cuerpos sobre todo de mujeres, jóvenes, niños y niñas.

¡Vivos los queremos! Es la consigna que invita con imperativa crudeza a reconocer que si no intentamos nuevamente dar la batalla organizada y unificada contra este criminal Estado necropolíticamente configurado quizá mañana más que nombrar a los ausentes también seremos nombrados.

El libro que compila Miguel Adame nos aporta, desde una perspectiva crítica y abiertamente militante, valiosos elementos para comprender el entramado que generó la tragedia de Iguala-Ayotzinapa y además nos invita a pensar las posibles vías que nos permitan acceder a la justicia y hacer frente a lo que él define como el forbiano estado mexicano, haciendo referencia a la cantidad de multi-millonarios que la revista Forbes ha exhibido en la última década y cuya riqueza se ha expoliado al salario general de la nación mediante lo que Luis Arizmendi define como la renta criminal; es decir, riqueza que debería haberse reflejado en los salarios y calidad de vida de todas y todos los trabajadores y que va a parar a las arcas del crimen organizado, acumulación por despojo que para hacerse efectiva debe sostenerse desde las instituciones del estado en una maraña de corruptelas y complicidades que implican desde el jefe del ejecutivo (pasando por SCJ, PGR, SEDENA, Gobiernos estatales y Municipales, Partidos políticos e INE, Cabezas de organizaciones criminales, Jefes de Plaza, etc.) hasta al joven halcón reclutado por el narco. En ese sentido, advierte Miguel, el Estado mexicano no es un estado fallido, sino más bien un estado en pleno funcionamiento a favor de los capitales transnacionales, como lo describen los artículos del apartado Capilares Económicos.

Además de ser diagnóstico y caracterización, la obra de Miguel Adame ofrece también un colorido mosaico de posicionamientos políticos que han tomado diversas expresiones de la izquierda mexicana frente a la barbarie, expresiones no necesariamente coincidentes entre sí pero convergentes en torno a la necesidad de respaldar y alimentar al movimiento nacido en Ayotzinapa.

Al igual que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad encabezado por el poeta Javier Sicilia en 2011, este nuevo despertar se enfila a dirigir la demanda nacional de terminar con la violencia tanto del crimen organizado como de las instituciones estatales. La diferencia fundamental entre ambos movimientos es que el de 2011 buscaba la reconciliación nacional y el diálogo con el gobierno en un intento por sensibilizarlo, además de tener una orientación más bien clase mediara, nutrida incluso por representantes del sector empresarial afectados por esa ola sangrienta que inauguró Felipe Calderón para intentar legitimarse tras las distintas revueltas ocurridas en el año sexto de este nuevo siglo.

En contraste, el movimiento por Ayotzinapa ancla sus raíces en los sectores más olvidados por el estado y tiene bien claro que ante un gobierno insensible y criminal, poco se puede obtener dialogando, lo que quedó demostrado con los dos encuentros ya ocurridos, donde nuevamente Peña Nieto ofrece compromisos unilaterales en un inútil intento por relegitimar su gobierno ante la llamada opinión pública nacional e internacional. El movimiento por Ayotzinapa se ha identificado más con diversos sectores populares y sus organizaciones que con una sociedad civil difusa que rechaza la violencia pero no se atreve a combatir su fundamento neoliberal y capitalista.

No obstante la diversidad de posiciones que el libro recoge, algunas más elaboradas que otras, Miguel Adame intenta en sus colaboraciones una síntesis crítica de ellas, como cuando hace referencia a la tardía y débil respuesta de López Obrador para explicar cómo diablos “se les coló” el nefando alcalde de Iguala como candidato en 2012, si bien se sabe que fue la corriente Nueva Izquierda que domina al PRD -o lo que queda de él- quien lo impuso en la candidatura, la respuesta del de Macuspana pareció más un deslinde para evitar un daño a su imagen antes que para sumarse a la exigencia de Justicia.

Es sabido que López Obrador en su excesiva cautela tarda en posicionarse ante crisis políticas que involucran represión y brutalidad como ocurrió en 2006 tras las arteras provocaciones en Atenco y en Oaxaca. Pertinencia o no del boicot electoral en Guerrero y en todo México son también algunos de los temas que se analizan en el compendio de artículos que nos presenta Miguel, debate que se ha reinventado y reactualizado en cada proceso electoral y que requiere pensarse desde el mirador de la “autorganización de los oprimidos” como lo sugiere Guillermo Almeyra.

No deja de ser significativo que el actual periodo de violencia estatal-criminal se haya instalado tras la fallida transición política de 2006, como resultado de la alianza que alcanzaron la elite política y la burguesía dominante para frenar dos fuerzas políticas distintas, pero igual de peligrosas a sus ambiciosos ojos, la del reformismo centro-izquierdista de López Obrador por un lado y la del fortalecimiento de la unidad anticapitalista encabezada por el EZLN, por el otro.

Diez años después ninguno de estos dos anhelos logra por sí mismo la fuerza necesaria para derribar al régimen por ninguna de las vías que han elegido, si bien sus batallas y esfuerzos siguen siendo loables y valiosos. El movimiento por Ayotzinapa tendrá que analizar si las fuerzas alcanzadas en este primer año nos permitirán tumbar al régimen, indiscutiblemente debilitado pero experto en orillar a movimientos y disidencias al desgaste interno y sus consecuentes laberintos represivos.

A la gran pregunta del momento ¿Cómo parar la masacre nacional? Se nos impone primero la resolución de otra ¿Cómo unificar las luchas en una sola estrategia? ¿Cómo sortear el ciclo de la derrota que de coyuntura en coyuntura pretende imponer el régimen? Ese es el principal reto por venir y por cuyo motivo es necesario fortalecer esta lucha y apremiar en la re articulación que gracias a la dignidad y fortaleza de los padres y familiares de los normalistas, de sus amigos y compañeros de la Isidro Burgos se nos planeta como horizonte posible.

El libro de Miguel Adame es una antología de textos escritos para diferentes medios electrónicos e impresos, políticos y académicos, entre los meses de octubre de 2014 a marzo de 2015. Seis meses después no ha perdido actualidad, más bien al contrario, el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la CIDH viene a confirmar con datos duros los análisis y señalamientos que contiene, por lo cual sus reflexiones son más vigentes ahora que cuando fueron escritas. Ello no puede decirse de otras obras que desde una pretendida neutralidad terminaron por cobijar las versiones "históricas" oficiales, como es el caso de la obra del periodista Esteban Illades, La noche más triste, hoy totalmente desacreditada.

Ante este tipo de eventos la neutralidad no existe, pues como sostiene Ramón I. Centeno parafraseando a Zizek "para poder acceder a la verdad primero hay que tomar partido". A un año de los lamentables hechos en Iguala no nos queda más camino que avanzar, como señaló una madre tras el diálogo infructuoso del pasado 24 de septiembre, volver perder el miedo y avanzar. Y como rezaba el lema del periódico gramciano en la antesala fascista: "Instruyamonos, por que necesitáremos de toda nuestra inteligencia; agitemonos, porque necesitáremos de todo nuestro entusiasmo; organicemonos, porque necesitáremos de toda nuestra fuerza”.
http://www.rebelion.org/

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