10/12/14

Una historia de decapitaciones

La antropóloga Frances Larson presenta su volumen ‘Severed. A History of Heads Lost and Heads Found’
La cabeza humana es excepcional. Acomoda cuatro de nuestros cinco sentidos, recubre el cerebro y cuenta con el conjunto más expresivo de los músculos del cuerpo. Es nuestro atributo más distintivo y conecta nuestro ser interior con el mundo exterior. Sin embargo, hay un lado oscuro en la preeminencia de la cabeza, uno que, en el curso de la historia humana, se ha manifestado de forma variada, desde la decapitación al headhunting. Así lo explica la antropóloga Frances Larson en esta fascinante historia de cabezas humanas decapitadas. Desde los coleccionistas occidentales cuya demanda de cabezas reducidas espoleó las masacres a los soldados de la Segunda Guerra Mundial que enviaban los restos de los japoneses a sus novias, pasando por el modelado de Madame Tussaud  de la cabeza guillotinada de Robespierre, hasta Damien Hirst fotografiando cabezas decapitadas en las morgues de la ciudad,  el saqueo de tumbas de frenólogos y los científicos obsesionados por los cráneos, Larson explora nuestra macabra fijación con las cabezas cortadas".

Como complemento, digamos que el volumen ha sido muy elogiado en The Sunday Times, aunque les remito (porque es en abierto) a unos párrafos de la breve reseña de Suzi Feay para The Independent:

Aunque la elegante historia de Larson sobre las decapitaciones precede al advenimiento del Estado islámico, las referencias en su epílogo remiten muy de cerca a los fanáticos yihadistas. "La separación física de la cabeza de una persona a menudo va precedida de un asumido desprendimiento social que separa al perpetrador de su víctima. Este desapego social ha tomado a menudo la forma de racismo", observa la autora. Esto "puede convertir a una persona en un objeto antes de que esté muerta". Por otra parte, "la lejanía geográfica" también desempeña un papel, por ejemplo para los soldados estadounidenses que cita, que durante la guerra en la selva descubrieron dentro de sí niveles de brutalidad antes insospechados . Esta distancia "puede permitir al perpetrador asumir una identidad alternativa y ocupar una realidad alternativa, una donde se invierten los códigos normales".

El proceso de convertir a las personas en cosas puede ser a la vez mundano y poderosamente mágico. "Extraerle el drama a la muerte es un ideal peligroso", señala Larson. La guillotina, se creó durante la Revolución Francesa para ser humana, aceleró espantosamente la línea de producción de las ejecuciones y causó el Terror. Los iniciales espectadores se sintieron engañados. Su acción era demasiado rápida para que los ojos la vieran; no había contorsiones ni gritos divertidos. Larson relata cómo esto llevó a una profunda inquietud sobre el momento exacto de la muerte, y a las leyendas urbanas sobre mejillas que  rabiosamente sonrojadas y ojos girados tras la decapitación.

Traducción de Anaclet Pons
http://grantabooks.com


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