14/3/14

Sobre la dominación y sus formas | Teoría marxista del imperialismo

Santiago N. Ibarra  | En tanto teoría general para la liberación del hombre, las preguntas sobre el poder opresor del Estado hacia otras naciones no podían ser desdeñadas por los teóricos marxistas. Entender las causas que hacen al traslado de la capacidad represiva del Estado, fundando un dominio sobre otros, se torna una búsqueda necesaria para entender con precisiones la interrelación entre el poder militar legitimado, la expansión capitalista global y el modo en que las decisiones  políticas modifican las relaciones sociales de producción, actuando sobre las contradicciones  de clase preexistentes. ¿Puede señalarse entonces el carácter constituyente del imperialismo en la aparición del capitalismo moderno?  

Publicado hace casi sesenta años (1969), Teoría marxista del imperialismo es el cuaderno N° 10 de Pasado y Presente, una colección socialista que dirigió en Argentina José Aricó. En esta oportunidad, se reunieron consideraciones sobre la actualidad del imperialismo de Paolo Santi,
Rodolfo Banfi, Jacques Vallier y Hamza Alavi. Es una discusión sincera y apasionada con las tesis, ya clásicas, de Lenin y Rosa Luxemburg, sin reverencias ni cuestionamientos: se trata de comprender el dominio del capital para afianzar el plan de un cambio mundial socialista.

Señalan los editores el importante foco de debate de la teoría marxista en el contexto de la publicación, en que se avanza en cuestionamientos sobre las formulaciones teóricas de Marx y Lenin. Con los “procesos de descolonización” iniciados tras la Segunda Guerra Mundial y la polémica suscitada por El fin del imperio de John Strachey como supuesto concreto y teórico acerca de la eliminación del fenómeno, se dio renovación a la discusión temática ante la urgencia de la realidad. Marx no habría podido formular una teoría general del imperialismo, hallándose al respecto algunas contribuciones en los manipulados tomos II y III de El Capital. Lenin, en tanto, había analizado las líneas generales del desarrollo capitalista, tratando de individualizar la tendencia principal. El fracaso de la revolución en los países capitalistas desarrollados y la necesidad de construcción del socialismo en un país aislado limitaron el análisis de los cambios producidos en el sistema capitalista mundial a partir de la crisis de 1929, siendo elaboradas las teorías del capitalismo monopolista, del desarrollo y del subdesarrollo al margen de las corrientes marxistas. Bajo esta introducción se propone una revisión de las adquisiciones teóricas y los problemas que permanecen abiertos.

Hacia una teoría de la exportación de la explotación y dominación capitalista

 En “El debate sobre el imperialismo en los clásicos del marxismo”, Paolo Santi hace una revisión sobre la importancia del fenómeno dentro de la teoría marxista. Los problemas del imperialismo no habrían sido abordados inicialmente ni por economistas ni por marxistas, sino por historiadores burgueses. La desatención hacia la temática daría un vuelco a partir del Congreso de Sttutgart (1907), en que la defensa del aprovechamiento de la riqueza extraída de los países coloniales para los proletariados locales por Van Kol conformó un bloque en disidencia. Karl Kautsky consideró erróneo al colonialismo como situación favorable al proletariado, ya que el fenómeno generaría un desarrollo de los monopolios, la limitación de la producción y el reforzamiento del militarismo. Lenin, en tanto, consideró que las riquezas generadas pro las colonias, si bien podrían mejorar la calidad de vida en los países dominantes, el sojuzgamiento de las poblaciones nativas derivaría en un sojuzgamiento que favorecería un chauvinismo colonial.

Un momento de ruptura estará dado en la aparición en 1910 de El capital financiero, de Rudolf Hilferding, el entonces economista más importante del marxismo. En el capitulo XXII, “La exportación del capital y la lucha por el espacio económico”, Hilferding establece que la extensión del capitalismo estaría dada básicamente a través de las filiales bancarias, facilitando la producción en el país colonial y el fortalecimiento del sindicalismo en el país exportador, en tanto que la falta de trabajo asalariado en el país dominado no encontraría soluciones sino mediante la vía violenta, en verdad, estas conclusiones son extraídas de la situación de países exportadores de materias primas. Lo que queda expuesto con notoriedad es el nexo entre la exportación de capital y el capitalismo financiero. Hobson y Lenin seguirán éstas líneas interpretativas, para las cuales exportación de capital, capital financiero, colonialismo y lucha por la división del mundo serán fenómenos ligados entre sí que dan expectativas limitadas acerca de la difusión pacífica del capitalismo.

El pensamiento de Rosa Luxemburgo seguirá líneas diferentes, y si en Introducción a la economía política (1909) no habrá mínima incertidumbre sobre la difusión del sistema capitalista a toda la superficie terrestre, en La acumulación del capital desarrollaría su análisis más completo del mecanismo de difusión del capitalismo. La realización de la plusvalía requeriría de un círculo de adquirentes fuera de la sociedad capitalista, dotado de la fuerza de trabajo necesaria para la ampliación del capitalismo. El modo de producción capitalista puede sobrevivir, en consecuencia, entrando en contacto con economías no capitalistas y destruyéndolas, sustituyéndolas. A la primera etapa, la de la introducción de la economía mercantil, sigue la de introducción del capital y la economía natural es destruida mediante el auxilio del factor violencia y sustituida por el modo de producción capitalista. El expansionismo capitalista alcanza su clima histórico. Sin embargo,  no se encuentra en Rosa Luxemburg una teoría del imperialismo como fase capitalista. Santi sostiene que la escisión entre las características del desarrollo en los países capitalistas maduros y las relaciones países por economía natural o mercantil explicarían los errores de la teoría luxemburguiana, perdiéndose la caracterización de fase y la visión global del sistema capitalista.

En el mismo año en que Rosa Luxemburg escribía en la cárcel la respuesta a sus críticos – Una anticrítico (1915)-, Bujarin culminaba La economía mundial y el imperialismo, que junto con El imperialismo, fase superior del capitalismo (primavera de 1916) de Lenin darán una sistematización definitiva a la teoría del imperialismo tal como es conocida entre los marxistas. Con Lenin se extraerán cinco particularidades clásicas: 1) concentración de la producción y del capital, 2) fusión del capital bancario con el capital industrial, 3) la exportación de capitales adquiere una importancia particularmente grande, 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, los cuales se reparten el mundo y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre as potencias capitalistas más importantes. Bujarin y Lenin notan además que el capital se desplaza también en el interior del área de los países más industrializados como consecuencia y manifestación de la lucha entre monopolios, coincidiendo con Kautsky, Hilferding y Luxemburg sobre las precisiones de Marx acerca del desarrollo mundial del sistema y modo capitalista de producción.

Marx había escrito en el New York Times su crónica respecto de la “revolución social” introducida “a efectos del vapor y del libre cambio made in England”. Las tierras, administradas hasta entonces bajo un criterio colectivo, fueron enajenadas y transferidas a propiedad de los señores. Sobre la base de estos sacudimientos, un nuevo grupo de comerciantes (la “burguesía compradora”) y los latifundistas se convirtieron en el pilar de la dominación británica en la India, siendo el obstáculo interno más potente al desarrollo de la industria moderna y tiranizando, por cuenta propia y de los ingleses, la población total. El segundo tiempo de la “revolución social” es dado en el ingreso del capital británico a la India, por la preparación de las infraestructuras necesarias y por el desarrollo de in capitalismo local. Es el momento del auge de las construcciones ferroviarias, y también de la acentuación de las relaciones de dependencia. Por el gran boom de las inversiones exteriores, fue la fase del imperialismo, con origen luego de la crisis de 1873, ante la cual el capitalismo reacciona intensificando el proceso de concentración y, posteriormente, con una marcada exportación de capitales y una paralela expansión colonial. Nuevas colonias generan nuevas inversiones que dan vida, o refuerzan la necesidad de nuevas colonias. 

En efecto, Lenin se pregunta en que medida las ganancias del exterior contribuyeron a crear las posibilidades financieras para corromper a los dirigentes obreros británicos. Barrat Brown, retomando el interrogante,  aduce sólo un sexto del total provendría de la India y otras colonias, aunque sea dado suponer que las mayores ganancias se habrían obtenido frente a una débil competencia, siendo los bajos salarios una de las causas de las superganancias coloniales. Después de 1890, la cuota de las exportaciones en el interior del Imperio aumenta en los períodos de boom y disminuye en los años de depresión, dato que confirmaría que las inversiones de Gran Bretaña han dejado de ser el motor del crecimiento imperial: ya no puede mantener mediante el libre cambo el asilamiento de su imperio, mientras que además el grueso de los países que lo integran  han alcanzado el equilibrio en la producción de materias primas y productos alimenticios.

Adam Smith ya había anunciado el abaratamiento de la producción como consecuencia natural en La riqueza de las naciones, aspecto que luego compartieron Ricardo (Principios) y Marx (El Capital). La explicación, relativa a dar explicación del deterioro de lso términos de intercambio, encontraría dos motivos: la reducción del empleo para alcanzar una cantidad producida sería la tesitura más recurrente. No debería soslayarse tampoco la explicación de H. Denis, al sostener que el aumento del nivel de vida de los países dominantes,  en que la acción sindical determinaría un funcionamiento de las relaciones de intercambio diferente al que se había podido esperar.  Una posición similar es la que formulan algunos teóricos como Sylos Labini (Oligopolio y progreso técnico) quienes entienden que la distancia creciente entre precios de productos manufacturados y precios de productos primarios se debería a que la estructura monopolistas de la economía capitalista había dado por tierra las leyes de la concurrencia. No obstante la diversidad de posiciones en el debate, Santi sintetiza como características de la dominación  imperialista: 1)que las inversiones extranjeras en los países atrasados afluyen en su mayor parte a empréstitos gubernamentales (ejército, policía, obras públicas, industrias extractivas y producción masiva de materias primas agrícolas); 2)si la posibilidad de desarrollo capitalista es limitada, la plusvalía es retirada hacia los países dominantes; 3) la relación entre monopolio y comercio desigual es estrecha, sólo posible por el acaparamiento de intermediarios y de sectores exportadores fuertemente concentrados; 4) consecuencia y causa de las relaciones instaladas en la fase imperialista es la determinación de una estructura social específica. Así, las transformaciones sobre las relaciones de propiedad con el apropiamiento de las mejores tierras hasta el dominio del mecanismo monopolista, la tendencia  a la búsqueda de actividades lucrativas hacia el préstamo usurario y actividades parasitarias de intermediación y atesoramiento. Agrarios, usureros y compradores se convertirán en aliados dependientes para la explotación de la mayoría de la población.

Paolo Santi considera que el estudio actual del imperialismo tiene aristas aún inexploradas: las modificaciones que han aparecido entre las dos guerras, explora que causas no permiten más que se hable de una tasa media de ganancia y las no relativas a las relaciones internacionales y considera las nuevas formas de imperialismo y las tentativas por romper el ciclo de dominación son probablemente las más urgentes. Siendo el imperialismo además un tipo de relación económica entre países avanzados y atrasados, destaca la aparición de un colonialismo e imperialismo de terceros, a través de nuevos países que extienden formas de dominación en territorios fuera de disputa. Pese a las afirmación sobre diversas vías emancipadoras, Santi considera que sólo los países socialistas estarían en camino de conseguir su propio desarrollo.

¿Fase imperialista o consolidación de orígenes?

Jacques Vallier realiza un valioso análisis crítico sobre la revolucionaria alemana en “La teoría imperialista de Rosa Luxemburgo”. Profesora de economía política del partido socialdemócrata desde 1907, Rosa Luxemburg publicaría en 1913 su obra principal, La acumulación del capital. En aquél momento, numerosos socialistas discutían los análisis de Marx sobre la caída del capitalismo, deformándolos frecuentemente. Bernstein sostenía como acierto de Marx el hundimiento del capitalismo, señalando su imposibilidad en tanto existieran sectores y países pre-capitalistas a conquistar. Kautsky agregaba que el capitalismo sería llevado a un período de depresión crónica, ante al imposibilidad de ampliar indefinidamente el mercado mundial, y que los conflictos internacionales se volverían más severos. En 1898, en su ¿Reforma social o Revolución?, Luxemburg fijará coincidencias con el artículo de Kautsky (“La teoría de la crisis”) y, tal como dará a entender en el congreso socialista de París de 1900, aunque no se pueda hablar ya de miseria creciente del proletariado, la virulencia de la empresa de conquista de mercados  exteriores podría llevar a grandes guerras que conducirían a la desaparición del capitalismo.

En su libro, Luxemburg va a formular dos explicaciones diferentes: la necesidad de mercados exteriores para la realización de plusvalía y la necesidad de los mercados exteriores para crear la plusvalía. La primera condición de engendrar plusvalía, tal como se afirma en el capitulo XV del libro III de El Capital, es la incitación a invertir que proviene del deseo de los capitalistas de apropiarse de la plusvalía, Luego la conquista de sectores pre-capitalitas en el interior de las fronteras nacionales a la conquista de mercado en los países atrasados significa la conquista de mercados exteriores. Por consiguiente la realización de plusvalía y la acumulación de capital es imposible en un sistema capitalista cerrado. Esto plantea un problema para los sectores capitalistas dependientes, ya que deberán renunciar cada vez más acumular una parte de su plusvalía o la falta de compradores solventes para los bienes de consumo producidos. De tal modo, la búsqueda de salida al exterior no sería un hecho nuevo del capitalismo del siglo XX sino una condición necesaria del desarrollo del capitalismo y contradicción esencial del sistema. El libro de Luxemburg fue muy mal recibido por los revisionistas.

Si en 1900, en el Congreso de la Internacional Socialista en Paris, fue votada por unanimidad una resolución antiimperialista, el Congreso de Ámsterdam en 1904 encontró partidarios del colonialismo entre socialistas ingleses, holandeses, alemanes y belgas. Luego, en el congreso de la organización en Stuttgart de 1907, algunos propusieron reconocer el carácter inevitable de los imperios coloniales, bajo una deformación del marxismo, otros consideraban –especialmente Kautsky-, que la violencia imperialista era llevada adelante por pequeños grupos de capitalistas, los grandes bancos y los militares, lo cual sería contrario al interés conjunto de la clase capitalista, previendo que el retroceso de la política imperialista prevendría de un conflicto en el seno de la clase capitalista.

En “notables capítulos de la historia del pensamiento económico”, Rosa Luxemburg rechaza la respuesta de J.B. Say y David Ricardo sobre la ley de los mercados según la cual la oferta crea automáticamente su propia demanda, omitiendo que en verdad el ahorro gastado es convertido en bienes de equipo. Lleva asimismo una tenaz disputaron las tesis de los populistas rusos  (Vorontar, Nikolai-on) que afirmaban la necesidad de mercados exteriores sobre la base de una reformulación de la teoría errónea del subconsumo de Sismondi, al igual que las tesis de los marxistas legales (Tugan Boranovski, Struve, Bulgakov), que sostenían, utilizando una crítica de Marx, la posibilidad de desarrollo indefinido del capitalismo sobre la base únicamente del mercado interior. Bulgakov, uno de los exponentes más destacados de esta corriente, sostuvo en 1897 en Sobre los mercados de la producción capitalista que el aumento de la producción puede muy bien consolidarse al reemplazar la demanda de bienes de equipo por bienes de consumo. En efecto, dice Rosa Luxemburg que los esquemas de reproducción del libro I de El Capital dan la impresión de que es posible un desarrollo indefinido del capitalismo, siendo un error haber razonado en el marco “de una” nación, como si el mundo entero fuera una Nación capitalista. Pero de adoptarse este punto de partida, ¿dónde encontrarían los capitalistas esos nuevos mercados que justifican inversiones suplementarias? ¿no hay contradicción con la idea de una necesidad de expansión del campo externo para la realización de plusvalía?

Vallier objeta en dos puntos la lectura de El Capital de Rosa Luxemburg. En primer lugar, la idea según la cual el capitalismo tendría un desarrollo indefinido sobre la base  del mercado interior sería una interpretación incorrecta, insistiendo en cambio sobre la necesidad de una proporcionalidad entre los sectores. En segundo lugar, tampoco existiría contradicción entre los libros II y III de El Capital, ya que acumulación y proletarización son destacados como atentados a la necesaria proporcionalidad  entre los sectores. 

Las tesis defendidas por Rosa Luxemburg sobre el papel de los mercados exteriores en el desarrollo del capitalismo serían olvidadas o menospreciadas durante largo tiempo, una suerte lamentable de menosprecio de un instrumento valioso para el análisis del imperialismo.

Los aportes leninistas a la teoría del imperialismo

Lenin define al imperialismo por cinco rasgos fundamentales: 1) la concentración de la producción y del capital llevado hasta un grado tan elevado de desarrollo, que crea los monopolios que van a desempeñar un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial, dando origen a una oligarquía financiera; 3) la relevancia adquirida por la exportación de capitales; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas, que se reparten al mundo y 5)la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.

Valentino Parlato, en una introducción a Imperialismo (1964) señala que Lenin aprehende en sus términos más correctos la relación entre momento productivo y momento crediticio, ante lo cual quedarán invalidadas las críticas para las cuales el análisis leninista sería válido solamente para la fase histórica de la banca mixta. La sensible disminución de capitales tendría por causa la aparición del movimiento socialista, aspecto que había forzado a considerables ritmos de desarrollo en los países subdesarrollados.

No obstante reconocer los válidos elogios de Parlato hacia el método leninista, Banfi ve como “fenómeno inactual” la caracterización del imperialismo como fusión del capitalismo bancario e industrial.

Sucede que el folleto de Lenin estaba aún fresco y ya Rusia escapaba del sistema capitalista. En la inmediata posguerra, se producirán transformaciones aún más profundas: a)la ampliación considerable del campo socialista; b) la concentración masiva de riqueza en USA; c)el grave empobrecimiento de los países capitalistas ya muy avanzados desde el punto de vista económico (Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón)y d) la sublevación, a escala mundial, de las acciones sujetas a la supremacía de los países capitalistas más avanzados.

Banfi entiende que se puede afirmar que de la definición económica dada por Lenin del imperialismo continúa siendo actual la parte general referida al proceso creciente de  concentración mientras que en el período 1930-1940 los otros cuatro rasgos fundamentales más específicos se habían modificado sustancialmente. Durante el primer treintenio, Eugenio Varga publicaba un libro retomando el análisis leninista, que había desconocido los cambios en el orden capitalista mundial a partir de la crisis de 1930. Prohijado el texto por la Unión Soviética, será evidencia de la focalización del interés de la III Internacionales el ascenso al poder del fascismo alemán y japonés, permaneciendo ausente en forma paradójica una explicación sobre la naturaleza económica del fascismo.

La fase más reciente del capitalismo o neocapitalismo se definiría por la interacción de los grandes grupos privados y un peso creciente de la intervención estatal. El National Recovery Act estadounidense implica un Estado activo que desalienta la concentración, desarrolla el gasto público y estimula a las organizaciones sindicales para provocar un movimiento ascendente en el nivel de adquisición. Pero aunque pareciese el Estado limitar a los grandes grupos, se observa la protección de los sectores de riesgo obteniendo los grandes grupos, a través del tiempo, facilidades sustanciales.

Tal como destaca G. Koldo (Wealth and power in America, 1962) Banfi advierte la imposibilidad de hablar de una superación de intereses entre la administración y los más fuertes accionistas de los Estados Unidos, siendo la concentración del poder económico un hecho indiscutible. En términos organizacionales, se evidencia la transformación del capitalista realmente activo en dirigente frente a simples propietarios de capitales. De este modo, la socialización capitalistas la forma dentro de la cual puede operar la contradicción entre la naturaleza privada del poder y la “socializada” del proceso capitalista de autoengrandecimiento y concentración. Ante la evidencia de la simbiosis alegada, la evolución de su dominación, el poder privado planifica el ritmo de crecimiento de la riqueza social y el futuro de la sociedad. Con un mercado de trabajo organizado por sindicatos relativamente exitosos, las organizaciones de los trabajadores no demoran en ser acaparados en la planificación junto con el Estado y el capital. Ante esta situación,  la confianza en las enmiendas sistémicas o las proclamas de una debacle definitiva deben desestimarse por simplistas.

La expansión posbélica del capitalismo norteamericano aparece ligada a tres factores: 1) el “hambre” de bienes de consumo y de medios de producción en un mundo empobrecido por la guerra; 2) la lluvia de innovaciones tecnológicas y 3) políticas de sostén de la demanda. Retomando a Shigeto Tsuru, quien destaca el importante gasto presupuestario de Estados Unidos en Defensa (10,2% del gasto nacional bruto en aquel entonces), se confirma la hipótesis de que la prosperidad de la economía norteamericana produciría las condiciones de la depresión,  o sea la insuficiencia de la demanda efectiva, si ésta última no fuera completada por el gasto público, en particular por los gastos militares en la medida en que son gastos inútiles. Esta “institucionalización del derroche” tendría les sentido de mejorar la economía que sufre las consecuencias de contrapesos al ahorro. En consecuencia, la economía norteamericana lleva en su propio seno los elementos de una distorsión cuyo manifestarse puede trascender cualquier otras crisis hasta aquí conocida bajo al forma de la bancarrota general de la sociedad y de conflicto atómico.

Ante el servicio hacia el ala dinámico del capitalismo y la progresiva modificación de sus estructuras en una acentuación de la tecnificación y del poder de la burocracia y el Ejecutivo, el Estado intervendría configurado como conciencia del capital, en un despotismo agravado por el mismo desarrollo de la tecnología.

Banfi indica lo incompleto de los análisis del movimiento socialista en el contexto, desconsiderando las transformaciones profundas del capitalismo, la multiplicidad y diversidad de niveles de la clase obrera en cada país, la necesidad de instalar revisiones conceptuales, sin menoscabo de la importancia del desenvolvimiento de los países socialistas y las luchas de liberación nacional.

La evolución de las formas de dominación capitalista

¿Qué queda tras la dominación imperialista? En “Viejo y nuevo imperialismo”, Hamza Alavi se propone dar un cuadro de situación del fenómeno, indagando especialmente sobre las transformaciones de la estructura económica de la India. Desde la aparición de los movimientos de liberación nacional repensar la teoría del imperialismo es una propuesta indispensable para comprender las relaciones instituidas entre potencias imperialistas y los nuevos Estados y apreciar las condiciones objetivas que deben determinar la estrategia de los movimientos socialistas.

Si la teoría leninista consideraba al imperialismo como una dominación del capital financiero, en posguerra la decadencia del imperialismo británico será eje de una importante discusión entre Palme Dutt (1953, Britain and the crisis of the British Empire), quién sostendrá el declive en la merma del tributo extraído de las colonias y Michael Barrat Brown (1963, Alter imperialism), señalando la fase de prosperidad en los factores nacionales de crecimiento.

La exportación del capital es otro nodo central en esta polémica. Si Victor Perlo (1951, America Imperialism) considera fundamental la exportación de capitales en el capitalismo contemporáneo, Palme Dutt sostiene observaciones relativas a la recuperación de las exportaciones de capital por Gran Bretaña en condiciones generales de una penuria de recursos en la metrópolis, hipótesis a la que aborda Michael Barrat Brown sobre datos de A.H. Ilmah. Strachey, en tanto, considera que la relevancia de los factores políticos –nacionalismo de los países subdesarrollados, contrapeso de la Unión Soviética y China- impedirían el desarrollo del imperialismo estadounidense.

La discusión sobre el capitalismo contemporáneo ameritó otra gran discusión sobre la teoría de la crisis hacia fines de 1957 en el interior del partido comunista inglés (Maurice Dobb, “Postwar development of capitalism” y “Changes in capitalism since the Second World War”;  John Eaton, “Crisis theory  and current policy”; E. Burns, “The theory of crisis”), de la cual se pudo obtener como conclusión que el gasto público, las inversiones de las empresas nacionalizadas y el impacto de la revolución tecnológica de posguerra y la expansión relativa del sector productor de bienes habrían provocado el aplazamiento del capitalismo, factores que tendrán un lugar relevante en el simposio de economistas “¿Adónde va el capitalismo?” El gasto de parte de los recursos en armamentos y derroche público ralentizarían la capacidad productiva de expansión. En este sentido, Alavi objeta la posibilidad asumida por Strachey cuando señala que los trabajadores pueden obtener aumentos salariales, en que el consumidor es un objeto maniobrado individual y colectivamente, que constituiría una subestimación de los numerosos cambios  después de Marx en el funcionamiento del capitalismo monopolista.

El capitalismo monopolista, que se desarrolla dentro de la economía nacional destruyendo y absorbiendo a las empresas más pequeñas, se expande también hacia el exterior repitiendo el mismo proceso a escala internacional, movimiento a través del cual afianza su tendencia a controlar todas las fuentes de materias primas y los mercados existentes, ante lo cual la explotación monopolista permite que una producción sobre la base de bajos salarios no siempre es una producción de bajo costo.

Pensando las secuelas del colonialismo británico, Alavi sostiene que el capital extranjero mantendría además una posición en el sector empresario de la economía hindú más fuerte de lo imaginado, recibiendo apenas el 13 por ciento de la totalidad de inversiones extranjeras las compañías hindúes. Si Lenin sostuvo que estas inversiones se explicaban a través de las ventajas derivadas de la existencia de mano de obra  bajo precio, Alavi reconoce en una corrección que el capitalismo monopolista de los países avanzados preferiría desarrollar las capacidades productivas de la madre patria.

Pese a la claridad de miras del plan Mahalanabis (1955), el desarrollo hindú habría encontrado como obstáculos más evidentes la presión de la oposición antipakistaní y antichina. El vínculo de la metrópolis con las colonias continuaría a través de la ayuda económica, que conllevaría a una dependencia  en cuanto al control ejercido por las misiones de ayuda así como la compra de insumos hacia el país otorgante de créditos. De este modo, Alavi establece que el neocolonialismo  tendría por objetivo principal la exportación de capitales, no en cuanto instrumento para explotar mano de obra a bajo precio, sino desarrollarla producción nacional ya firmar su poderío por todos los medios. Las medidas para establecer esa situación serían 1) la subversión política, 2) la corrupción de los funcionarios y las fuerzas armadas y 3) claro está, la utilización del poder e influencia del Estado metropolitano.

En estos países la política de emancipación tendía dificultades por las necesidades de la economía local y las expectativas sobre las inversiones de las potencias imperialistas. Esta situación se revertiría al desarrollarse un movimiento por una transformación radical de la sociedad y por un avance hacia el socialismo, la posición del nuevo imperialismo se volvería más clara y la lucha en su contra se convertiría en parte integrante de la lucha por el socialismo.

Grandes reflexiones de un concepto fundamental, la reflexión sobre la presencia y funcionamiento del imperio es una tarea indispensable de un proyecto de liberación. Al mismo tiempo, la desacralización de los textos expone lo fundamental del impulso de estos autores, militantes en una auténtica significación de la palabra: la búsqueda de un entendimiento para la praxis oportuna en la significación particular del contexto.

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