18/3/14

‘El peso de la responsabilidad’ de Tony Judt | Léon Blum, Albert Camus, Raymond Aron y el siglo XX francés

Tony Judt, malogrado antes de cumplir los sesenta años por una terrible enfermedad degenerativa, es uno de los grandes historiadores (junto a otros como Eric Hobsbawm o Josep Fontana) del siglo XX. Historiadores rigurosos capaces de dar una interpretación global del siglo. Describir, interpretar y valorar como ciudadanos con una responsabilidad política y moral. Científicos sociales comprometidos con su tiempo pero capaces de basarse en los procesos reales y no en especulaciones, como pone de manifiesto en su libro Algo va mal. En libros como El refugio de la memoria o Pensar el siglo XX es capaz de unir sus propias experiencias con el contexto social y político en el que aparecen.

Pero Tony Judt también se especializó en un estudio histórico más concreto: la responsabilidad moral y política de los intelectuales francesas de entreguerras. En 1992 publicó un libro referido al tema, Pasado imperfecto, que le empezó a dar popularidad en un público mucho más amplio que
el de los historiadores. El libro que nos ocupa, escrito en 1998, profundiza sobre el tema a partir de tres figuras que considera intempestivas a su tiempo: León Blum, Albert Camus y Raymond Aron.

El texto sobre León Blum es francamente interesante. Y lo es en varios aspectos: para conocer a un político clave de la izquierda de entreguerras en Francia ; para entender elementos claves de la historia del socialismo francés y también para disponer de material muy útil para entender este contexto tan crucial para la Europa contemporánea. León Blum es intempestivo porque es capaz de mantener un criterio básicamente moral para orientar sus posiciones políticas en un período histórico muy complicado, tanto desde la oposición como desde el gobierno del Frente Popular que dirigió en un tiempo breve pero intenso. Judt entra en la biografía del personaje pero sin olvidar el contexto en ningún momento, ni el francés ni el europeo. Con unas virtudes personales bien claras (su valentía, su autonomía, su racionalidad, su sentido de la justicia) y con evidentes defectos, todos ellos derivados de su gran egocentrismo. El problema es que la vanidad le llevaba a falsea r las cosas cuando no se ajustaban a su deseo. Pero, paradójicamente, era tan capaz de no ver lo evidente como de ver lo que casi nadie veía en el campo de la izquierda, como lo que podía esperarse de Mussolini o de los comunistas. Pero hay en Blum un destino trágico de la izquierda en el poder: la de prometer cosas que no puede cumplir, cuyos efectos fueron nefastos social y políticamente. Crearon falsas expectativas y una enorme frustración posterior entre los trabajadores. Al mismo tiempo un miedo en las clases dominantes a armarse como fuerzas reaccionarias muy agresivas. La retórica revolucionaria de Blum es demagógicamente maximalista. Blum lo intuía pero la necesidad de mantener la unidad del partido y las exigencias de su narcisismo le impidieron corregir y le llevaron al fracaso. Pero Judt es también empático y se acerca humanamente a Blum: entiende que la distancia del tiempo nos permite ver cosas que en su momento no podían aparecer tan claras. Supo mantener, a pesar de todo, la racionalidad mucho mejor que casi todos los políticos de su época. También un compromiso moral que fue el que le llevó a la política. Al mismo tiempo tuvo una visión internacionalista y no nacionalista (ni etnicista: era judío) de lo que había que defender para una sociedad más justa para los trabajadores.

El segundo intempestivo es Camus. Quizás lo mejor de él fue esto, el intentar establecer un criterio propio en un ambiente poc propicio. En el caso de Argel, por ejemplo, necesitó mucha valentía para buscar una tercera vía. Pero he de reconocer que solo he leído El extranjero y que no pareció nada extraordinario. El resto de sus obras, como La caída, no tuve el suficiente paciencia como para acabarlas. Coincido en las críticas a El hombre rebelde, que tampoco conseguí acabar porque me pareció muy poco consistente. He de reconocer que, como personaje es interesante, pero dudo mucho que fuera el mejor hombre de Francia, como dijo Hannah Arendt. En todo caso me ha parecido una parte del libro mucho menos estimulante que la dedicada a Blum.

Tenemos finalmente a Raymond Aron. Es intempestivo, curiosamente, por ser liberal y también por ser realista y racional en sus análisis en unos tiempos tumultuosos en los que nadie lo era. Era una época de excesos, de polarizaciones externas. Su moderación va contracorriente. A pesar de su claridad, de su rigor y de su prestigio académico internacional será poco reconocido por sus pares a nivel político y social. Inteligente y culto, elitista y capaz siempre de distanciarse de lo emocional y mantener la frialdad de juicio. De todas maneras se mantuvo como un analista de su época en muchas publicaciones. Se consideraba casi el único intelectual francés que no se había contagiado del opio de la ilusión, de la idealización, de la identificación con una Causa. Cada cual opinará si esto es una cualidad o un defecto.

Resulta interesante la presencia de Sartre, como adversario común de Camus y de Aron (y de Bataille, de Lacan...). En parte les combatió desde su radicalidad política. Polemizó con unas posiciones que Sartre consideraba reaccionarias. Quizás Camus le envidiaba su capital cultural. Y Aron su creatividad y capacidad de riesgo, él que era tan calculador, que tenía tanto miedo al error.

Lo que tienen en común es ser intempestivos sin ser marginales. Al contrario, tuvieron todos un peso importante. ¿En que más coinciden? En su anticomunismo. En su libertad de juicio. Y poco más. O quizás también el pertenecer a la tradición francesa que da siempre un aire de familia.

Es un libro que, como todos los de Tony Judt, merece ser leído. Combina su habitual rigor histórico con una perspectiva de izquierda moderada, la socialdemócrata. Tiene, eso sí, un interés algo más parcial que el de las grandes obras antes citadas, mucho más ambiciosas en sus planteamientos y conclusiones.

El peso de la responsabilidad | Tony Judt (traducción de Juan Ramón Azaola) | Barcelona: Taurus, 2013
 


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