18/10/13

La Izquierda del Siglo XXI – Aproximaciones críticas

Marino Canizales P.  |  En Colombia, la literatura política acerca de la importancia y significado de las izquierdas tiene en su haber una nueva publicación: me refiero, en este caso, al libro “La izquierda del Siglo XXI. Definición conceptual. Perspectivas”, obra colectiva editada por Jesús Aníbal Suarez que reúne la colaboración de diez autores procedentes del mundo académico y del ámbito de la política. A pesar de lo pretencioso del título y lo equivoco de su formulación --- pues la izquierda será siempre plural y diversa ---, es este un libro que reviste interés para quienes se ocupan de sus asuntos o se interesan por su futuro. La intención que anima a esta publicación es positiva, y está dirigida a propiciar el diálogo y la discusión en torno a una realidad y una historia de significación polisémica, de desarrollos y procesos complejos, a veces marcadamente ambiguos, que ha generado y continuará provocando encendidos debates. Y no puede ser de otra manera ya que el conjunto de las izquierdas --- sujetos individuales y colectivos, partidos políticos y movimientos sociales --- está atravesado de comienzo a fin por las tensiones que sustentan y
definen la lucha de clases y la confrontación ideológica y política por el acceso al poder en nombre de los trabajadores y los desposeídos a los que dice orientar y representar. De ahí que sea preciso afirmar que el lector atento de “La izquierda siglo XXl ….” se encontrará con importantes reflexiones y formulaciones teóricas que guardan sintonía con algunos de los conflictos y procesos sociales que configuran la actual coyuntura política nacional e internacional. Lo que no impide decir, también, que ciertos de sus capítulos  dejan un sabor desagradable por su carácter sectario y excluyente.
 
Una Jeremiada

Es el caso de la aportación de Aurelio Suarez que lleva por título “La polémica de la izquierda en uno de los países más desiguales del mundo”, que más bien parece una pésima declaración política acerca de la conversión del Polo Democrático en un apéndice del Moir, y de cómo, sin aquel, las izquierdas no tienen salvación. Del mismo tono aunque de color distinto es el capítulo elaborado por León Valencia, “La reinvención de la izquierda”, que por su estilo y composición se asimila a una Jeremiada o compilación de quejas y pesares sobre lo que, según él, ha sido y es la Izquierda en Colombia, capitulo afectado por una insoportable banalidad y un toque doctoral, propios de ciertos analistas “que saben tanto, pero se les olvida mucho”. Y lo que olvidan es justo lo fundamental: que el mundo de las izquierdas es un campo de lucha y como campo de lucha tiene diversas expresiones, historias, lecturas y antecedentes, tanto a nivel nacional como internacional. Que lo que está en juego  es nada menos que la lucha por el socialismo por parte de los trabajadores y trabajadoras a partir de sus propias fuerzas y recursos morales y materiales, ideológicos y políticos, con independencia del concurso innecesario y tramposo de figuras prestadas del establecimiento y la burguesía. Criterio de clase que  deja de lado el señor León Valencia cuando se refiere a la actitud de lo que él llama la “vieja izquierda” frente a los Tratados de Libre Comercio, que sólo ha servido para que salga a flote su impotencia “ante la marcha inexorable de la globalización.” Lo que no le impide reconocer que la denuncia de tales tratados ha sido justa, y en enseguida agregar, a la manera de una sindicación: “Pero en el telón de fondo está aún el rechazo a la economía de mercado y no una búsqueda  de alternativas para su democratización y control. Eso, precisamente eso, les ha impedido [a los miembros de la “vieja izquierda”] hacer aportes concretos para mejorar los tratados y aprovechar algunas ventajas que traen.”(pág.32). Por tal motivo, según él, el sindicalismo orientado por esa izquierda radical se ha negado a exaltar “las posibilidades de modernización de las relaciones laborales que abrigan esas cláusulas” de los Tratados en mención. Ahora bien, de ese atolladero que es el pasado de la “vieja izquierda”, descrito por el Jeremías en cuestión, sólo se sale si dicha izquierda acepta construir una “democracia profunda”, que en medio de tanto lamento nos quedamos sin saber en qué consiste, y se obliga “a buscar esa democracia profunda en un proceso de cambio incremental y concertado, en una especie de alianza estratégica con los sectores más progresistas de las élites, en una modificación gradual del entorno institucional.”(pág.35). Perspectiva política ésta, en la cual León Valencia no está solo. En la defensa de tal desatino coincide con lo expresado por Clara López, Presidente del Polo Democrático, cuando en su artículo-prólogo a “La izquierda del siglo XXI”, y  sin que la tinta enrojeciese, concluye: “Leyendo estos invaluables aportes a la discusión política de Colombia y de la izquierda en general, quedan varias lecciones. La primera, que lo central en esta etapa es la lucha por la democracia. La lucha por el socialismo no reúne el consenso como se demostró en la redacción y aprobación del ideario de unidad del Polo Democrático Alternativo en 2005.” Y luego añade: “Si analizamos bien lo que ha ocurrido y ocurre en el país, hay que entender que la lucha por el socialismo no está a la orden del día, ni se puede plantear como exigencia para la convergencia de todas las fuerzas de izquierda y democráticas del país” (pág. 23).      

Qué Herencia Reconocer

En relación con lo anterior, cómo no recordar El Manifiesto Comunista de Marx y Engels  publicado en 1848, Opus Magnus que sigue conservando su carácter fundacional y su validez como programa de partido y propuesta de método, y también como balance crítico del mundo de las izquierdas (o socialismos) en ese momento. Documento histórico cuya pretensión central es orientar los procesos de la lucha de clases hacia el derrocamiento del régimen capitalista y la construcción de un nuevo orden económico y social, nacional e internacional, donde el poder de estado esté en manos de las trabajadoras y trabajadores. Tal dinámica, siempre viva y dramática, y muchas veces trágica, es la que explica la existencia de las izquierdas, o, en su lugar, los diversos socialismos. Cómo no mencionar, igualmente, publicaciones del nivel teórico de “Democracia y Socialismo” de Arthur Rosemberg, o “¿Qué socialismo?” de Norberto Bobbio, o el reciente y notable libro de Eric Hobsbawn “Como cambiar el mundo”. En nuestro país, ahora que estamos inmersos en una interesante y compleja coyuntura política, con multitudes indignadas en las calles y en los campos luchando por sus derechos, es urgente retomar críticamente una historia y una tradición teórica sobre las actuaciones y desempeños de las izquierdas, la cual es preciso reconocer: me refiero en especial a “Las ideas socialistas en Colombia” y “Breviario de ideas políticas”, dos obras de Gerardo Molina; al libro de Ricardo Sánchez Ángel “Crítica y Alternativa. Las izquierdas en Colombia”; a “Los Inconformes (cinco volúmenes)” y “María Cano, Mujer Rebelde” de Ignacio Torres Giraldo, o “Cultura e identidad obrera. Colombia 1910 – 1945” de Mauricio Archila Neira. La lucha por un mejor futuro para los abajo, que tiene como condición no negociable el derrocamiento del régimen capitalista y sus instituciones políticas y sociales, no es posible llevarla a buen puerto, si se tiene del pasado una mirada blanca, o se asume una actitud fatalista y quejumbrosa que desmoraliza y lleva a la postración. 

Multitud y Lucha de Clases

Sin embargo, no se crea que “La izquierda siglo XXl….” es sólo un  registro de desaciertos y reflexiones erráticas. Ya lo dije antes: es este un libro que reviste interés para quienes se interesan por los asuntos y el futuro de las izquierdas. Sería injusto no valorar positivamente las aportaciones de Carlos Lozano y Gloria Inés Ramírez, militantes comunistas, así se discrepe de muchos de los criterios y puntos de vista de la izquierda en la cual militan, en particular, su propuesta de una convergencia democrática, muy emparentada con la política de los frentes populares, de ingrata recordación por sus múltiples fracasos. Para Carlos Lozano, “La Izquierda es una realidad política y social con diversas variantes. Por ello debería acuñarse mejor el concepto de “las izquierdas”, propio en la política española y europea, porque existen partidos reformistas de izquierda y, partidos y movimientos revolucionarios, enfrentados en el terreno político y social, incluyendo el electoral. Es el sempiterno dilema de reforma o revolución” (pág. 47). Este concepto plural acerca de las izquierdas permite a uno y otra, el primero, como director del periódico Voz, y a la segunda, como dirigente sindical y parlamentaria, expresar consideraciones de orden teórico y práctico que fundamentan su sensibilidad política y sus compromisos con las luchas de los trabajadores. El lector encontrará en sus dos artículos “¿De qué izquierda hablamos?” y “La concepción de izquierda desde una posición revolucionaria”, la constatación de lo que acabo de expresar, lo que permite inferir que no es posible luchar contra el capital y el sistema social que lo sustenta sin referentes precisos en la tradición teórica fundada por Marx y Engels. 

Por otro lado, y desde un punto de vista liberal democrático, otro de los participantes en el libro objeto de estos comentarios es el profesor Adolfo Atehortúa con su ensayo “Izquierda. Una visión desde la academia”, donde se interesa también por establecer el carácter plural de la izquierda y algunos de sus referentes históricos, tanto desde el punto de vista de los procesos sociales, como de los debates ideológicos. Esto le permite a su vez señalar que en la izquierda existe una escala de valores, que pasa por reconocer la importancia de la dignidad humana, la equidad, la libertad y la solidaridad. Para él, son estos valores de carácter ético, concebidos como principios, los que hacen posible la distinción entre izquierda y derecha. Igualmente ilustra al lector con referencias a procesos y movimientos sociales en América Latina que han tenido como centro el reconocimiento y desarrollo de tales principios. Es más, termina su ensayo con una relación de dinámicas y procesos políticos, que conforman  lo que él llama la práctica política de las izquierdas en América Latina, que son de mucha utilidad por su carácter ilustrativo y pedagógico.

Mención especial reclama el tema relativo a la Multitud. La bancarrota del neoliberalismo y los altos niveles de barbarie y represión que ha requerido para ser eficaz en términos de economía mundo, son factores que han hecho posible la irrupción de la multitud con sus diferentes expresiones y rostros. Esas multitudes, esquivas y furiosas, han puesto sobre la arena política demandas y valores de orden republicano y democrático, como es el caso de los Indignados, como resistencia a la violenta destrucción del Estado de Bienestar,  el desmonte de lo público, la precarización de la relación capital – trabajo asalariado y el que la crisis del sistema financiero internacional haya sido descargada sobre los hombros de los trabajadores y trabajadoras. Pero hay más, la irrupción diversa y variopinta de la multitud también ha hecho posible que la lucha por derrocar el régimen  capitalista y establecer en su lugar una República socialista y democrática de los trabajadores como forma de Estado, pueda ser adelantada en términos de un programa de transición, donde las reivindicaciones democráticas están articuladas en una misma dinámica a las demandas y pretensiones socialistas. No son, primero unas, y luego, las otras, como lo consideran y agitan los promotores de los frentes populares en nombre de una pretendida convergencia democrática.   

Es dentro de tal contexto que deben ser ubicados y valorados los ensayos de Víctor Manuel Moncayo, “Por una resignificación política de la izquierda”, y de Ricardo Sánchez Ángel, “Multitudes y programa”. En ambos escritos, la preocupación principal está centrada en el tema de la multitud y su valoración filosófica y política, considerado como un asunto que viene ganando en forma ascendente, tanto en América Latina como en Europa, un notable reconocimiento desde el punto de vista teórico y práctico. Es esta una categoría que tiene tras de sí elaboraciones que vienen desde Thomas Hobbes y Baruch Spinoza, y que en nuestra contemporaneidad ha sido objeto de una positiva recuperación y reformulación por parte de Antonio Negri,  entre otros, en el campo del Marxismo y la filosofía política. En el presente caso, las cercanías y diferencias entre uno y otro autor están determinadas en parte por la forma en que asumen y definen la significación política, teórica y práctica, de la categoría de multitud. Tanto Víctor Manuel Moncayo como Ricardo Sánchez coinciden en reconocer el carácter plural de la multitud, con sus antecedentes en al ámbito de la filosofía política. Ambos reconocen en ella un sujeto colectivo que llegó para quedarse en el actual marco de la lucha de clases a nivel nacional e internacional. Así mismo la tratan y valoran como un concepto de clase. Al respecto, Víctor Manuel Moncayo considera que el concepto de multitud como clase no se puede reducir al concepto de “clase obrera”, sino de la clase de todas las singularidades productivas, de todos los obreros del trabajo material e inmaterial. Sin embargo, este autor toma otra dirección teórica y política en cuanto a la utilidad práctica de la multitud con el fin de resignificar la política, la noción de izquierda y el concepto de poder de Estado. No escapa a su sensibilidad el tema de la constituyente y su relación con la multitud, en búsqueda de un nuevo concepto de la política y de lo político que tendría como telón de fondo la lucha por lo común. Analizar todas estas cuestiones sería de gran importancia para el lector, pero las limitaciones de esta reseña lo impiden.           

Para Ricardo Sánchez, la significación de la multitud como extensión social de las clases trabajadoras es mucho más precisa, ya que en ella se expresan y hacen reconocer igualmente los movimientos sociales, las diferentes identidades, las mujeres como mayoría social con sus reivindicaciones de género, la comunidad LGTB, los campesinos pobres, los ecologistas y ambientalistas, las comunidades indígenas y los grupos afro, entre otros. Su concepto de multitud, es vivo, dinámico, rico en determinaciones teóricas y con inmensas posibilidades prácticas. Es una clase social abierta, sin hegemonismos doctrinarios, donde la lucha por la igualdad tiene como presupuesto el respeto de la diferencia, haciendo posible a su vez nuevas formas de realizar la política, y la construcción de una nueva historia.  Trasciende los límites de la filosofía política, y por ello su perspectiva política y programática es mucho más densa y contundente. En su ensayo, es de capital importancia su reflexión sobre el papel de la mujer como sujeto colectivo y su significación histórica en los procesos sociales, políticos y culturales. 

Para empezar por el principio, él considera que: “El fracaso de las izquierdas está íntimamente ligado a su homocentrismo e incapacidad de asumir el mundo de la vida donde Las Mujeres despliegan su potencia creativa. Pensar la izquierda hoy desde sujetos colectivos, significa pensar en términos de género, de la presencia de ellas con ellos”. (pág. 175). Esta formulación de principio, atraviesa creativamente todo su ensayo, y es enriquecedora por las perspectivas que abre al lector en el tratamiento del papel de la mujer en el mundo de la familia, en las luchas sociales y políticas, en las relaciones entre lo masculino y lo femenino, que le lleva a formular la idea de que es necesario reescribir la historia, ya que ésta es binaria, justamente por el gran papel desempeñado por la mujer. Tal criterio político se convierte, por sus consecuencias prácticas --- y aquí la práctica es también teoría ---, en un punto programático en la lucha por el socialismo. Por ello concluye en forma categórica: “La formula actualizada de nuestro movimiento y programa es el del socialismo ecofeminista, porque enriquece la comprensión de las nuevas realidades y aspiraciones liberadoras”. Finalmente, es al lector a quien corresponde descubrir y valorar los aportes contenidos en el libro La izquierda del siglo XXI, que como puede observarse, no nos deja indiferentes.

Marino Canizales P. es abogado laboralista y Magister en Filosofía   
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