22/6/13

De Perry Anderson y el marxismo occidental

Agustín Santella / Nos referimos por supuesto al libro de Perry Anderson, Consideraciones sobre el marxismo occidental (Londres 1976) no solo para recomendarlo en cualquier curso sobre una historia de los marxistas, sino para usarlo en el trazado de una perspectiva actual. Anderson en este libro no propone un programa superador al marxismo clásico, sino un conjunto de preguntas de investigación. Estas preguntas implican el balance de los aportes de la tradición marxista clásica. Tienen que ver con capitalismos con sistemas hegemónicos. El debate estratégico actual mantiene estas preguntas.

Pero antes nos interesa detenernos en esta suerte de historia intelectual que Anderson traza del marxismo.El esquema es simple, según confiesa el autor. Por marxismo clásico se entiende a la teoría construida en relación directa con la práctica política socialista.

Los marxistas occidentales, en contraste, comienzan a escribir e investigar por fuera de las necesidades estratégicas de los movimientos socialistas, en el ámbito de las universidades fundamentalmente. Anderson específica que, acorde con este alejamiento de la práctica política, la filosofía y la teoría del conocimiento serán las problemáticas de los marxistas occidentales. "La unidad orgánica entre teoría y práctica realizada en la generación clásica de marxistas anterior a la primera guerra mundial, quienes desempeñaron una función política y una función intelectual inseparables dentro de sus respectivos partidos, en Europa oriental y central, iba a romperse cada vez más en el medio siglo que va de 1918 a 1968 en Europa occidental." (p. 41 edición Siglo xxi).
 Marxistas clásicos fueron Marx, Engels, Lenin, Trotski, Luxemburgo por mencionar a los más grandes (ver lista p. 15). Marxistas occidentales fueron Lukács, Gramsci, Korsch, Benjamin, Horkheimer, Adorno, Althusser, Sartre, Colletti (la lista completa en p. 37).
  
Los primeros marxistas occidentales estuvieron dedicados a la práctica política. Anderson menciona que Lukács y Gramsci participaron de levantamientos insurreccionales en Hungría e Italia. Pero luego comenzaron el recorrido hacia una producción intelectual separada de los movimientos de masas, sea en la Universidad o peor en la cárcel, separado esta vez también de un partido (comunista) que no miraba a bien la reflexión crítica de sus militantes.

Hemos releído este libro para repasar las notas de crítica a Trotski. Según trotskistas heterodoxos como Paul Blackledge o Alex Callinicos, el balance que Anderson hace de Trotski se asemeja a los de Isaac Deutscher, caracterizados por una crítica más amplia al legado del viejo revolucionario. Anderson valora enormemente el aporte analítico histórico de Trotski en las primeras paginas de su libro, en particular de las obras Balance y perspectivas (1905), "el primer análisis marxista estratégico", y de sus escritos sobre Alemania en los años 1930, "el mejor análisis marxista sobre el estado". Pero  hace una crítica fuerte a su catastrofismo, a la teoría de la revolución permanente, y también a la teoría de la burocracia soviética, y en general a la teoría política (estado y regimenes políticos).

Anderson crítica explícitamente que Trotski especialmente en sus últimos años haya dejado insuflar excesivamente sus diagnósticos por la teoría de la catástrofe capitalista. Pero en verdad esto se comprende en una observación general sobre el marxismo en general. “El marxismo clásico debe ser sometido al mismo examen riguroso y a la misma evaluación crítica que la tradición posclásica derivada de él” (p. 136). Aquí en el epílogo Anderson hace un balance del “trío descollante de la tradición clásica: Marx, Lenin y Trotski” (p. 137). No podemos decir, a la luz de esta frase, que Anderson disminuya el valor de Trotski, sino que pone su crítica al nivel de los marxistas más importantes. “La ausencia misma de una teoría política apropiada en el último Marx puede estar lógicamente relacionada con un latente catastrofismo en su teoría económica, que hacía redundante el desarrollo de la primera." (p. 140). Por ausencia de una teoría política Anderson se refiere páginas antes a la falta de una teoría del estado, adecuada a los cambios posteriores a 1850. Esto suena a las tesis de Gramsci sobre hegemonía civil. El catastrofismo entonces se repite en la tradición marxista clásica, en Lenin y por supuesto en Trotski.

De Lenin lo primero que señala Anderson es que "los principales problemas que su vida y su obra parecen plantear son los concercientes a la democracia proletaria (en el partido y en el Estado) y a la democracia burguesa (en Occidente y en Oriente) (p. 140). Para Anderson, Lenin no valoró sistemáticamente a los consejos o soviets, a pesar de algunos giros en 1905 o 1917 (en situaciones revolucionarias diríamos). Esto se relaciona con medidas represivas injustificadas en el ejercicio del poder político (p. 141). Mencionamos esta parte porque hace a un balance más amplio del marxismo histórico (nombre usado por sociológicos históricos marxianos como Giovanni Arrighi), esto es del marxismo que actúan como fuerza social histórica. Pero en cuanto al Estado, se sigue seguramente una tesis que Gramsci generaliza en la idea de un cambio fundamental en occidente.  Pero es en "El imperialismo" donde reaparece el catastrofismo en tanto que señala una incapacidad del capitalismo moderno para recuperarse de sus desastres. "Una vez más, un tácito catastrofismo económico dispensó a los militantes socialistas de la difícil tarea de elaborar una teoría política de las estructuras del Estado con el que tenían que habérselas en Occidente" (p. 142).    
Entonces llegamos a Trotski, el tercero de esta "descollante" fila de marxistas clásicos. "Es exigua la evaluación teórica seria de la obra de Trotski que se ha realizado hasta ahora", comienza diciendo. Desde los años 1970 hasta ahora se han escrito evaluaciones teóricas de trotskistas y críticos del mismo, pero no estamos seguros que se haya ofrecido algo para subsanar lo que señala Anderson. (Hemos visto algo de John Rees, Alex Callinicos, la biografía de Isaac Deutscher, Paul Blackledge, John Molyneux, la mayoría de estos pertenecientes a la tradición del SWP, escritos en inglés, también escritos locales de Christian Castillo, Matías Maiello y la tradición local PTS. Pero no una obra global de Trotski, menos aún crítica. Por supuesto tenemos el trabajo de Rolando Astarita que hemos comentado en El tren de finlandia. Hay balances parciales importantes en las ciencias sociales pro-marxianas como en Michel Burawoy, Arthur Stinchcombe, Charles Tilly.  Pues bien, Anderson dice que "el catastrofismo económico que parece haber motivado los errores de su fase final fue una constante de la III internacional desde Lenin adelante y su fuente última, como hemos visto, era Marx" (p. 145).

Anderson hace una crítica más amplia. El diagnóstico sobre la revolución permanente fue equivocado. "El axioma de la revolución permanente debe considerarse indemostrado hasta ahora como teoría general" (p. 144). Anderson opera aquí en el método histórico, esto es, sobre la base de un análisis histórico de los procesos político revolucionarios del siglo XX. Hubo revoluciones democrático burguesas, a pesar de la teoría de la revolución permanente. Lo mismo con las revoluciones campesinas como Cuba, China o Vietnam. Continuando la tradición, Trotski tampoco hizo un análisis apropiado del régimen capitalista democrático.

A partir de lo anterior diremos que los "errores" en Trotski pertenecen a lo mejor de la tradición clásica. Pero siguiendo el tema central de la evaluación de Anderson debemos ubicar a Trotski en la cuestión de la relación entre teoría y práctica como cuestión epistemológica central. Los rasgos del marxismo clásico evolucionaron hasta el último Trotski en cierta consonancia, o por lo menos en cierto campo de la práctica política de la clase obrera. En cambio la cristalización en la IV internacional viene a romper el criterio central de la unidad entre teoría y práctica. Es un hecho sobresaliente que, a diferencia de la historia de las internacionales anteriores, la IV se funde en 1938 en el aislamiento completo respecto de la práctica organizada de la clase obrera. Este contexto social objetivo informa las tesis de sus documentos fundacionales. La relación entre la teoría (programa) y la práctica (organización, acción) de la clase obrera se rompe en la IV internacional. En su autorepresentación, la IV se erige en la síntesis de la tradición histórica del movimiento obrero desde 1850. Esto da a lugar a la afirmación de que el partido revolucionario se funda sobre la base de una experiencia sintetizada en el programa transicional. Hemos realizado una crítica del mismo en este blog (ver Una nota preliminar). Esta suposición implica de por si la ruptura entre teoría y práctica, en tanto no se da cuenta de los cambios históricos, una crítica que podemos apoyar ahora en Anderson, pero tampoco de una evaluación de las fuerzas revolucionarias conscientes.

 Arribamos a la conclusión de que el último Trotski se asemeja a los marxistas occidentales en cuanto trabaja en el aislamiento político. Pero también con esto contradecimos a Anderson, quien ve en los trotskistas a los últimos marxistas clásicos, quienes intentaron "mantener la unidad marxista entre la teoría y la práctica". Empero el rasgo conservador que Anderson enuncia en los trotskistas rompe con algo propio de un pensamiento vivo creador, y se parece más a la inclinación por preservar a costa de la realidad, antes que construir teoría en la práctica. Es por eso que afirma que "la preservación de las doctrinas clásicas tuvo prioridad sobre su desarrollo" (p. 125).

Not@s editoriales

Karl Marx & Friedrich Engels: Prólogos a varias ediciones del Manifiesto del Partido Comunista Flacso
'Das Kapital' fully digitized — Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam
Karl Marx: Prólogo a la primera edición alemana de El Capital — El Viejo Topo
Manuel Sacristán: Prólogo de la edición catalana de El Capital — Rebelión
Jaime Ortega Reyna: Marx y Freud en América Latina — AcademiaEdu
Andrea Baldazzini: Note su “Il Mediterraneo” di Fernand Braudel — Pandora
Las ediciones de la obra de Gramsci — Mundo Untref
Reyes Mate: Correspondencia entre Theodor Adorno & Gershom Scholem: razón y mística — ABC
Reseña crítica de 'The Limehouse Golem': caza al asesino, la búsqueda de un psicópata en el Londres de finales del siglo XIX — El Mundo